EDITORIAL | Una vez más exijamos libertad para los secuestrados

Una vez decantados los sentimientos que produjo la liberación de Ingrid Betancourt, del teniente Malagón y de los otros trece secuestrados, que estaban en manos de las Farc, los boyacenses debemos analizar dos situaciones.

Por un lado está la infinita alegría de la familia del teniente Raimundo Malagón y al otro extremo la tristeza insondable de la familia del intendente Luis Hernando Peña.

Mientas para los primeros hay fiesta y regocijo por la realización del anhelo tantas veces aplazado, los otros siguen en la incertidumbre cada vez más dolorosa de desconocer a ciencia cierta qué pasó con su hijo.

Los boyacenses no podemos ser indiferentes al dolor de ambas familias, pues aunque los primeros ya tienen al hijo en casa, nada les va a devolver los diez años perdidos. Para los segundos, la confirmación de la muerte del intendente Peña, sólo los sume en la nostalgia de saber si alguna vez podrán recibir los restos para darles cristiana sepultura y hacer un duelo que no sea eterno.

El secuestro es la peor arma de las Farc, es el crimen más abominable, por ello debemos rechazarlo. Decirle a las Farc, todas las veces que sea necesario, que no los aceptamos, que rechazamos sus métodos y que exigimos la libertad de las más de 700 personas que aún siguen en su poder.

El próximo 20 de julio, debemos salir a marchar. A condenarlos públicamente por asesinar al intendente Peña, por los diez años de cautiverio del teniente

Malagón y a exigir la libertad del mayor William Donato Pérez y del Coronel Luis Herlindo Mendieta.

Es nuestro deber moral de boyacenses acompañar a los nuestros, salir a marchar en cualquier rincón para hacerle saber al mundo los crímenes que contra nuestros hermanos se cometen.

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