Gustavo Alvarez Gardeazábal* | Fernando Soto Aparicio, muerto después de una larga espera de la parca, no quiso batallar contra el cáncer para no prolongar más su crueldad, no buscó el triunfo económico o publicitario con sus libros, lo esperó la gloria.
Cuando era muy difícil denunciar a los gringos por explotadores de los mineros de Boyacá. Cuando se corría el riesgo de ser llamado subversivo o comunista por mostrar como los explotadores de los minerales y petróleos en Colombia se autosegregaban ,encerrándose en sus campamentos a gozar de los lujos que no les permitían a sus obreros, Fernando Soto Aparicio, escribió “La Rebelión de Las Ratas” y siguió vivo y no fue estigmatizado y tampoco se fue del país.
Tal vez escribió demasiado, casi 70 libros, pretendiendo siempre enseñar con modestia y sin aspavientos, sin insultar a nadie, sin tener que armar guerras contra sus personajes o sus apoyos.
Metódico como el maestro de otrora. Discreto pero muy amable. Seguro de que no tenía afán para llegar a tantos lectores y espectadores que siempre tuvo .Consiguió como vivir sin afugias , pero sin esperar la redención económica por lo que escribía, haciendo libretos o dictando cátedras inolvidables.
La vida me permitió encontrarlo varias veces y, pese a mi temperamento atronador ,logré horas de diálogo paciente con quien veía el mundo muy distinto de cómo yo lo manejaba. Lo mismo les pasó a los que pregonaban la revolución en las banderas de Marx, que él no seguía. El mostraba “La Rebelión de las Ratas” y supo esperar para que lo recibiera la gloria.
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*Escritor y líder de opinión
@eljodario
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