El presidente Juan Manuel Santos ha dado de la orden de perseguir al Eln, pero ese hecho no pasa de ser simple palabrería. Mientras los criminales siguen haciendo de las suyas a lo largo y ancho del territorio nacional.
La Fuerza Pública, maniatada durante toda la administración Santos recibe órdenes públicas de atacar, pero debajo de la mesa pareciera que la orden es contraria. Los uniformados son la carne de cañón de la política de paz. Están casi condenados a dejarse matar para que la "paz de Santos" no fracase estruendosamente.
Los delincuentes y narcotraficantes del Eln y las Farc, asesinan a nuestros soldados y policías ante la anuencia de un Ministro de Defensa que parece un experto en nada, un pelele al servicio de las ambiciones santisas.
Santos no puede seguir engañando al país, echando cuentos de persecución, cuando la evidencia es contraria a sus palabras.
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