Dentro de la concepción pronaturalista y antihispana, y de profunda habilidad política que profesa, él ha pretendido, desde que llegó, suprimir de una vez y para siempre las corridas de toros. Coincide con los nuevos izquierdistas españoles que lograron hacer parecer la fiesta de los toros como una manifestación de la derecha y un rezago del franquismo.
En Bogotá, donde la minoría taurina solo se regodea en las revistas de la plutocracia, Petro ha intentado una y otra vez en acomodarle a la derecha la defensa de los toros, dado que el procurador Ordóñez es un reconocido taurino.
De paso, por supuesto, les pega un bofetón a los ricos de la capital, a quienes, sin duda alguna, detesta y responsabiliza de ser los culpables de la situación social.
Ahora ha pretendido convocar una consulta para que el 25 de octubre los bogotanos decidan si acaban o no con los toros como espectáculo. El Gobierno Nacional y el registrador le dijeron que no tenían la plata para montarla. Petro, dispuesto a pagar lo que sea por el pedestal de la fama, ha dado la orden: desde el fisco de los bogotanos se pagarán los $40 mil millones.
Advertencia de lo que nos espera donde las Farc y Santos se pongan de acuerdo y Petro termine siendo el presidente de este país!
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Escritor y líder de opinión
@eljodario
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+EXCELSIO

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