Del Lector | Trampas en vías importantes

Del Lector | Trampas en vías importantes

Ricardo González | Viajamos la semana anterior a Yopal, y cada vez que lo hacemos encontramos sorpresas: Esta vez fue la carretera. De tantas veces que hemos ido, es la vez que más nos ha sorprendido el deterioro en que se encuentra.

Lo que está sin pavimentar ahora es un verdadero tobogán, del cual si uno se escapa de una cresta, cae en un hueco profundo, o viceversa. Y en lo que está pavimentado, picado en varios sitios por efecto del invierno, lo demás lo tienen sembrado de resaltos o “policías acostados”, a cual más de criminales:  a alguna autoridad desocupada se le ha dado por inventar los reductores más descabellados y mandarlos sembrar a lo largo de la vía, en lugares de los que uno no encuentra justificación.

Los hay frente a las carnicerías, restaurantes, cementerios, bombas de gasolina, tiendas, etc. etc. Pero además, son de las formas más descabelladas: Hay los antiguos que al menos obedecían a algunas normas técnicas en cuanto a tamaño, altura, forma. Los nuevos son fruto de la imaginación retorcida por el odio a los vehículos y a la humanidad: empezaron por aumentar su altura, de modo que hay que subir los carros pequeños con escalera y en diagonal, invadiendo el otro carril. Luego inventaron poner dos seguidos, luego tres, cinco, etc. Y luego pusieron los cinco o seis pero dobles.

También estos genios del diseño vial les han cambiado la forma, desde los que parecían una Campana de Gauss alargada, que luego cambiaron a los reductores atornillados al piso, y ahora presentaron su tesis para graduarse en diseño de trampas con los reductores trapezoidales a los cuales ni siquiera les quitan el filo, para que hagan el mayor daño posible a la suspensión de los vehículos, a toda la amortiguación y, en general, a toda la estructura del carro pero, lo que es más grave, a la pobre carrocería de los viajeros que llegan molidos a su destino.

Nos hemos preguntado, y creo que muchos otros viajeros lo habrán hecho, ¿Para qué hacen tantos reductores? ¿Por qué tienen que ser tan destructores de carros, y tan agresivos contra los viajeros?¿Cuántos huecos se hubieran tapado con el material y lo que cuesta hacer esas trampas? ¿No será que hay formas más civilizadas de controlar la velocidad de los vehículos, sin atentar contra la integridad de las personas que tienen que viajar?

En Colombia, donde hay facultades de ingeniería de Vías, ¿no habrá egresados que entiendan que el problema del tránsito vehicular se puede solucionar, por ejemplo como hacen en otros países, educando al conductor para que obedezca las señales de tránsito, sin necesidad de tanta violencia que generan los reductores, especialmente los que ni siquiera obedecen a las normas existentes para esos estorbos?

Los directores del tránsito en Colombia deberían someter a pruebas psicológicas a sus subalternos, para detectar si entre ellos hay los que tienen serios desequilibrios cerebrales, con mentes perversas dedicadas a pensar en cómo hacer el mal a la humanidad que tiene que desplazarse en vehículos terrestres.

Estos seres que probablemente acuden a Satán para que les ilumine, deberían ser sometidos a exorcismo, y luego al castigo de viajar 24 horas diarias por el resto de sus días.

En algún artículo de prensa se mencionaba que problemas de esta índole se solucionaban con educación, y agregaríamos que con autoridad, que es la gran deficiencia en Colombia. Acá solo hay amenazas, que atemorizan a quienes violan las normas, pero al no suceder nada, por falta de autoridad, se vuelven a infringir las normas. Y el otro faltante es la señalización racionalmente colocada.

Acá hay señales de cuando las vías eran de primera generación. Algunas de esas carreteras  fueron mejoradas, pero las señales siguieron lo mismo. Entonces el conductor las desobedece por ilógicas. Es decir, se nota claramente que los funcionarios, ni tienen formación para hacer una revisión seria de lo existente, y solo tienen cabeza para ver cómo obstaculizar el tráfico, con el consiguiente embotellamiento del mismo.

Y bueno, finalmente llegamos a Yopal. Y ¿qué encontramos? Nuevos reductores en grupos de cinco o seis dobles distribuidos por la ciudad, como si el perverso constructor de “policías acostados” tuviera sus buenas palancas en la administración municipal para contratar su instalación.

Y mientras tanto, esos sabios no se han dado cuenta que allí faltan semáforos en lugares críticos, y que los que hay deberían sincronizarlos para que el tráfico sea más fluido.

Pero si por allá llueve, por acá no escampa: En esta región del centro de Boyacá, también está llegando la moda de estos adminículos diabólicos, incluso instalados en la nueva doble calzada.

¿Habrá que revisar el currículo de la facultad de Vías de la UPTC, o los gobiernos tendrán que contratar técnicos en vez de políticos para dirigir el tráfico?

¡Hagamos una cruzada en contra de estos obstáculos, y que se dediquen esos recursos a mejorar las vías, que comparadas con las de países vecinos, siguen siendo de primera generación!


+EXCELSIO

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