Opinión | ¡Con los pies en la tierra!

Opinión | ¡Con los pies en la tierra!

Daniel Quintero Trujillo* | Nací en una vereda de mi extensa  Colombia, heredé la tierra de mis padres y ellos de mis abuelos, me bautizaron para hacerme un buen cristiano y desde pequeño aprendí la labranza.

Con el azadón, la pica y la pala, rasguño la tierra; mis manos se vuelven gruesas y con callos, pero habrá agua y jabón para lavarlas antes de ir a la mesa.

La yunta de bueyes está disponible, para ararla hasta sudar la gota con arduo trabajo, algunas veces tengo que utilizar el tractor para esos menesteres, me acuesto cansado pero satisfecho.


Cuando bajo al pueblo, visto con pantalón de dril, camisa blanca, sombrero de jipa y la ruana hecha con lana de oveja en el telar de casa y con mis alpargatas que también son símbolo de mi idiosincrasia.

Al amanecer, pido protección a Dios y le ruego por el tiempo: ¡Señor, que llueva, que llueva…! Porque los cultivos deben darnos frutos y en el almanaque Bristol nos dicen que Viene el verano.

Mi casa es sencilla, ordenada y limpia, con un comedor que luce su mantel a cuadros, la cocina echa humo indicando que hay algo para servir a la mesa. Al día siguiente, tengo que bajar al pueblo: Los caminos que me llevan son muy culebreros, encharcados cuando llega la lluvia y polvorientos o con huecos si la temporada es seca.

Carezco de salario, seguro de cosecha, protección para la salud, no tengo pensión; trabajo hasta el cansancio con los pies en la tierra y en compañía de mi asno que transporta la carga, me dirijo al mercado hablo de mis dichas y penas con otros amigos, buscando encontrar un gobierno que piense en nosotros y que no nos mientan.

En la sociedad, estamos aislados, solo  nos tienen en cuenta, en aquellas épocas que hay elecciones, después nos olvidan y promulgan leyes que matan los sueños de vivir con dignidad como seres humanos. ¡Esto da tristeza!... Solo la pequeña familia, los árboles, las flores del campo, el trinar de los pájaros y la compañía de los animales nos hacen felices.

La televisión no existe por estas montañas, esperamos el sol que nos da la energía y en las noches oscuras brillan las estrellas. En muy pocos días:  – Llegará la luna para iluminarnos – Y escuchar en coplas todo lo que piensan la señora y los hijos.

Con alegría le grito al que pasa allá abajo, por ese camino: “Amigo cuando usted regrese, entre por acá, ésta es su casa”.

Nunca nos acostamos con hambre, porque la parcela nos da la comida, bajamos del zarzo una parte de la cosecha de maíz y trigo. Pilamos los granos, molemos y lo sancochamos, comemos arepas o el pan que es más fino, la leche no falta, ni el queso, la fruta, el tocino, los huevos, todo es bendecido.

Como campesinos: Somos solidarios, humildes y honrados, la ley respetamos.

No me importa si me dicen labriego, pues de allí venimos, dependemos del campo y por eso, cuidamos muy bien la parcela.

!Si YO, soy Campesino!  y me siento orgulloso, con fe y tesonero trabajo sigo manejando la pala y la pica, labrando la tierra para que mañana cosechemos las frutas, verduras, el maíz, el trigo, de donde amasamos el pan de la mesa.

¿Nuestros Sueños? Que "todos  unidos"  luchemos  para disfrutar del derecho a la tierra, al agua potable y mejores vías, una vivienda digna, salón comunal para el encuentro social y que las empresas mineras No nos contaminen. Se daña el ambiente para seguir respirando aire puro y vivir largos años, queriendo la vereda, al pueblo, la Patria.

Al final de la tarde, Cantamos un himno que reza: “Amo a Dios, al prójimo, trabajo la tierra por mí, por mi familia porque deseo que crezca en paz con la vida y la naturaleza”.


FELIZ DÍA DEL CAMPESINO.
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*Educador y Escritor.


+EXCELSIO

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