La semana mayor, debe ser una oportunidad para hablar con Dios comprometidamente, mediante la oración consciente y reflexiva, donde no solo se convierta la participación en cada acto litúrgico, en un listado de solicitudes al creador, sino en un gran compromiso de cambio de actitud, para formar adecuadamente a nuestras familias, fortalecer el tejido social, propiciar reconciliación y lograr comunidades altamente productivas, fundamentadas en el respeto a los derechos humanos, en el cumplimiento ético de los deberes y en el fortalecimiento de los principios y valores humanos.
Es lamentable la descomposición social en nuestro país, consentida en cierta manera por todos los ciudadanos, que no denunciamos, que no somos solidarios, que no actuamos, que no participamos en la defensa de nuestros intereses colectivos y nos hemos acostumbrado progresivamente, adaptarnos a las diferentes circunstancias ilegales, con una irresponsable indiferencia, de la que solo se despierta cuando los hechos nos perjudican particular y directamente.
Es deplorable la ostentación del poder en todas sus manifestaciones y a cualquier precio, la pérdida de la dignidad humana por la presión del dinero fácil, la proliferación de la delincuencia en todas sus modalidades, hasta tal punto que ya, ni una dama con bonita cabellera, puede salir sola a la calle, porque no solo corre el riesgo de que la atraquen, sino que puede perder su pelo, por acción de vándalas que surten el negocio de algunos estilistas.
La Corte Constitucional también coloca su cuota del peor ejemplo, los grupos al margen de la ley, le ponen condiciones al gobierno, pero no asumen su responsabilidad delictiva para pagar sus faltas, los jefes de entidades públicas o privadas, manipulan y humillan a sus subalternos, abusando de su autoridad y de la necesidad del empleo, la politiquería avanza sin control y el pueblo se rinde ante sus pretensiones, el estado reprime al agricultor, la corrupción carcome al erario público, a la economía del sector privado, a nuestros recursos naturales y al medio ambiente, los medios de comunicación reiteran las noticias de violencia con sensacionalismo pero no promocionan su prevención y como si fuera poco, se exaltan a los delincuentes, como los mejores actores de televisión, en un mercado de series amarillistas, que muchas veces se convierten en los mejores cursos virtuales: sobre narcotráfico, secuestro, extorción, violación y formas de matar, que forman a delincuentes en su proceso de consolidación, con la motivación de emular a sus ídolos nacionales.
Pero lo grave del asunto es que mientras se descompone la sociedad a pasos agigantados, no hacemos nada para evitarlo y mucho menos para controlar todos estos flagelos que tienen a nuestro rico país postrado en el más injusto sub – desarrollo, donde el progreso solo llega al 10% de la población, que puede explotar al resto del pueblo colombiano, pero nos rasgamos las vestiduras por nuestra propia incompetencia.
La familia, el temor de Dios, la fe, la piedad, la humildad, la lealtad, el amor, la justicia, en fin, todo el fortalecimiento de los principios y valores humanos, deben ser propósito fundamental de la iglesia, con misión de comunicación asertiva y visión de desarrollo, donde se construya capital humano y se formen vidas, con innovación permanente, que direccionen a las comunidades, en los aspectos sociales, culturales, técnicos, económicos y ambientales, para un desarrollo competitivo y sostenible, que sin vicios y con líderes eclesiásticos facilitadores, formadores y éticos, desde las más altas jerarquías, se sintonicen con la problemática del país y apoyen en equipo, la construcción de una Colombia en paz y con temor de Dios, sin caer en la actitud hipócrita de que ¨ el que reza y peca empata¨.
"La religión"-afirma Bahá'u'lláh- "constituye el medio más potente para el establecimiento del orden y la tranquilidad de cuantos habitan en la Tierra".
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*Dirigente gremial.
+EXCELSIO

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