Santos tiene afán de firmar la paz a cualquier costo y por ello su gobierno guarda silencio cuando los criminales y narcotraficantes de las Farc aseguran que no pagarán un solo día de prisión por sus crímenes.
Es evidente que la buena vida que están teniendo en Cuba, hace a los líderes de las Farc más tranquilos y les hace creerse iguales al Estado. Por ello se pavonean en los medios diciendo lo que les da la gana y burlándose de las víctimas.
Son precisamente las víctimas las que llevan la peor parte en la farsa que se lleva a cabo en La Habana. Son doblemente victimizadas, pues desde ya se les dice que no serán reparadas moralmente.
Quizá, sólo quizá, el Estado las repare económicamente, pero van a tener que acostumbrarse a ver a sus violadores, a los asesinos de sus familiares, a sus secuestradores, a los que robaron a sus hijos; andando orondos por las calles y haciendo política.
Indigna lo que pasa en Colombia, donde la justicia es un juguete de intereses burocráticos y vendida al mejor postor.
+EXCELSIO

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