Darío Álvarez Morantes* | Paradójicamente, hoy 22 de marzo, fecha propuesta por las Naciones Unidas en 1.992 para el día mundial del agua, analizando la situación de Colombia, no tenemos muchos motivos para celebrar, porque la desperdiciamos sin piedad, no la sabemos cuidar, no hemos entendido, que el cambio climático llegó para quedarse, no somos conscientes de la importancia de nuestros recursos naturales, ni tomamos en serio que en un país tan rico en agua y biodiversidad como el nuestro, es donde más se notan los impactos negativos de los rigores del clima, lo que en gran medida es culpa del ser humano y peor aún de la indiferencia para emprender acciones significativas que eviten las causas que ocasionan estos desastres, con devastadoras consecuencias: económicas, sociales, culturales y ambientales, que ocasiona el exceso o déficit del recurso hídrico.
Probablemente Ud. Cuando lea este artículo, no esté incluido en el grupo de personas que a diario tiene que salir a buscar un sitio al aire libre, pero escondido para hacer sus necesidades, recorrer grandes distancias para obtener un baldado de agua, consumir el precioso líquido sin condiciones de potabilidad, o ver como cada año se reducen o se secan las quebradas cercanas a su finca, porque no hay, responsabilidad en el uso del agua ni equidad, ni justicia social para el desarrollo; pero las afectaciones no son excluyentes y el compromiso es de todos para salvar nuestro ecosistema.
Las sequías y excesos de humedad son fenómenos temporales pero recurrentes y de gran impacto para
la vida, los cuales se propician por la variabilidad de los cambios climáticos que metereologicamante
se conocen como estados del tiempo según el estudio de física en la atmósfera y los fenómenos que
allí se producen.
A la fecha, mientras en algunas regiones de los departamentos de Antioquia, Valle, Huila, Tolima, Santander y Risaralda, padecemos de desgracias por efectos del invierno, en el norte del departamento de Casanare la situación es más aterradora porque la sequía está destruyendo cultivos, pastizales y animales por deshidratación y desnutrición que reporta ya la muerte de más de 25.000 cabezas de ganado bovino, la muerte de 15.000 chigüiros e indefinido número de peces, tortugas, caimanes, cerdos y venados entre otros, deterioro de la flora y afectación total para los habitantes llaneros.
Es el momento de reflexionar y solidarizarnos con nuestros congéneres afectados por los lesivos efectos climáticos; pero más que charlas, conferencias magistrales, foros, marchas y demás alegorías de celebración, ¡que son muy importantes!, debemos comprometernos todos a participar en la gestión ambiental, en la prevención de desastres, en la educación y formación ambiental y en la cultura de protección del medio ambiente: Almacenando y Racionalizando el agua para el consumo de los seres vivos, colaborando para garantizar el disponible suministro de agua dulce de calidad, ahorrando agua en todos los consumos, evitando la tala de árboles y la minería ilegal, reforestando y manteniendo las áreas de reserva, los parques y nuestras fincas arborizadas, evitando las quemas y la erosión del suelo, reduciendo la contaminación en todas sus modalidades, reclamando la acción concreta y participativa del ministerio del medio ambiente, las corporaciones autónomas regionales y los alcaldes, sin
politiquería ni corrupción, para evitar las glaciaciones y deshielos, que por efecto invernadero
generado por el aumento de las proporciones en la atmosfera del CO2, metano, óxido nitroso y
otros gases, producen la absorción y emisión de rayos infrarrojos que calientan el planeta.
Ojalá Que el día 11 de Junio, de cada año en nuestro país, en el día mundial de la población, celebremos la toma de conciencia ambiental y el compromiso masivo, para ser parte de las
soluciones de los problemas colectivos, con identidad nacional, planificando con responsabilidad el
derecho de decidir el número de hijos, su espaciamiento y calidad, para que garanticen verdaderas
familias que con amor y equidad de género sean orgullo para el futuro de nuestra Colombia, con
buenas condiciones de vida que desde ahora debemos mejorar para heredarles.
El agua debe generar, colaboración, trabajo en equipo, vinculación de niños, adultos y mayores,
con solidaridad, entusiasmo y compromiso, para preservarla y saberla administrar en procura de
un suministro permanente con garantías de calidad para la vida, sin envidias, sin violencia y mucho
menos en situaciones de conflictos que ya se están viendo entre países y que aumentarán por el
precioso líquido.
El agua es vital para la biodiversidad, la seguridad, la lucha contra la pobreza, el desarrollo y la justicia social. “Casi el 33 % de la población mundial carece de agua limpia y segura. El 75% de las enfermedades en los países no desarrollados son producto de la falta de agua potable y de un sistema sanitario deficiente” por eso y por mucho más, todos unidos por el agua y el medio ambiente en Colombia, con sentimiento de patria, liderazgo, entusiasmo y acción ciudadana, para que la, la paz, la educación, la salud, el respeto por la gente, el cuidado de los recursos naturales y el medio ambiente, no se limiten a la condición de estar bien un día de promesas politiqueras, sino con la garantía de construir un futuro sostenible, dentro de una vida digna, que debe ser nuestro derecho y no producto de la caridad del estado.
No olviden, Gota a gota el agua se agota. No esperemos que la muerte aceche para lamentarnos, hagamos algo para cuidar preservar la vida sembrando agua y el bienestar que demandamos.
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*Dirigente gremial.
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