Darío Álvarez Morantes | Terminados los comicios, para la elección de senadores, representantes y parlamento andino, unos pocos podrán celebrar su triunfo con el apoyo conseguido en las urnas, pero muchos y entre ellos algunos políticos tradicionales, verán truncadas sus aspiraciones de seguir en el congreso; lo que abre espacio para la reflexión y cambio de actitud, donde el pueblo, debe ir entendiendo que con un voto de opinión autónomo, consiente, con criterio, libre y espontáneo, se puede ir cambiando progresivamente la forma de elegir a nuestros dirigentes.
El fenómeno general va a darse por la abstención, motivada por la desatención del estado hacia la sociedad, la politiquería, el abuso de poder en todas sus manifestaciones y la corrupción a todo nivel, así es de que no se rasguen las vestiduras los candidatos que no lograron su cometido por estar incursos en estos vicios que carcomen nuestra democracia, ¡pues cada cual cosecha de lo que siembra!
Lo lamentable es que se continúe con la presión, se compren conciencias y hasta en muchos casos se imponga la orden para apoyar a determinado candidato, so pena de perder el empleo, ser descalificado en contrataciones, estigmatizado por grupos políticos o peor aún amenazado por fuerzas al margen de la ley con la constante politiquera de obtener dinero de los ricos y el voto de los pobres, con el pretexto de proteger a los que pagan de los que reclaman por las injusticias sociales.
Es ridículo pensar que para acceder a un digno desempeño laboral en Colombia, se tenga que arrodillar el aspirante al padrino político que a su turno tenga la influencia en la determinada empresa o ente del estado, inclusive hasta cuando las convocatorias públicas se realizan para acceder a empleos disque por concurso de méritos, lo que seguirá propiciando todo tipo de acosos, abusos y condicionamientos, para tener derecho al trabajo, sin el mínimo asomo de justicia social, igualdad ni equidad.
Así las cosas debemos hacer un seguimiento continuo a la gestión, liderazgo y desempeño de los parlamentarios elegidos, para tener un parámetro de evaluación que permita en próximas elecciones, prescindir de sus oficios o reelegir a aquellos que merezcan continuidad, sin el flagelo de la amnesia colectiva.
Ahora está de moda delegar la representatividad por conveniencia o abdicar el trono a un familiar cuando, el titular se halla investigado, inhabilitado o preso por sus malas acciones, ¡que descaro!
Hasta donde llegaremos permitiendo estos abusos, sin que el pueblo se manifieste con patriotismo, civismo, deber de colombianos y ciudadanos de Bien. Desde mañana se empezará el reacomodamiento para fortalecer las campañas, presidenciales, se verán las alianzas más insospechadas y terminaremos como siempre votando por candidatos que nunca postulamos, pero que prometen arreglar toda la problemática del país; de modo que el pueblo decidirá a criterio de los demás, que ejercen los diferentes tipos de poder.
Finalmente se concluye que no tenemos formación ética y moral para la participación democrática, en un sistema que tampoco tiene principios democráticos, pero que simula aplicarlos con la más burda manipulación de la opinión pública y cuando el pueblo espontáneamente se manifiesta apoyando una cusa justa, como ocurrió en el pasado paro agrario nacional, aparecen en paracaídas, autodenominados voceros, motivados más por intereses particulares que colectivos, que ni siquiera se ponen de acuerdo para mentirle a la gente, unos proponen no intervenir en política, otros promocionan el voto en blanco y otros clamaron por el apoyo a sus candidatos al senado y Cámara, ¡todos con los mismos ideales!
Como conclusión no sabemos de política para el desarrollo, pero aplaudimos todas las promesas, negociaciones de paz con resultados preelectorales, avalamos autoridades detrás del trono o le apostamos al poder para continuar perpetuándose, pero finalmente terminamos dándole la razón a Groucho Marx, cuando dijo:
“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.
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* Dirigente Gremial.
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