El Presidente de la República Juan Manuel Santos aprovechó su visita, obligada, al Puente de Boyacá para atacar a la oposición y hacer un balance de lo bueno que ha hecho en sus tres años de Gobierno.
Santos pidió a sus opositores hablar con el pueblo sobre las dádivas que su Gobierno le ha dado, desde casas gratis hasta tablets para los escolares.
Pero poco dijo de las pifias de su mandato. Nada mencionó el Presidente de su legado en el mapa marítimo del país, del aumento del crimen organizado y del terrorismo, mientras se conversa con criminales de lesa humanidad.
Santos llama mezquinos a quienes no le apoyan y habla de una segunda independencia, compara su situación con la de los Libertadores. Pero bien diferente es librarse de la opresión de un imperio y otra es querer entregarle el Estado a criminales y narcotraficantes.
El Presidente, eso sí, recordó que lo poco que se ha avanzado en las negociaciones con los criminales de las Farc, de llegar a concretarse deberá ser ratificado por el pueblo colombiano.
Santos dejó de manifiesto su deseo reeleccionista. Aseguró que es necesario que se de continuidad a las políticas de su Gobierno, que según él no se pueden logar en un solo periodo de gobierno.
El discurso del Presidente, en tono de campaña y cargado de auto elogios a su gestión deja mucho que desear en un país que lejos está de una estabilidad que permita obtener la paz de la que tanto habla el señor Santos.
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