EDITORIAL | Escepticismo

El anuncio oficial del inicio de negociaciones entre el Gobierno colombiano y el grupo criminal de las Farc, sólo viene a llenar de incertidumbre al pueblo colombiano.

Mientras el Presidente Juan Manuel Santos pide paciencia al pueblo, a las narcoterroristas les da largas para que se explayen en su discurso anacrónico y mentiroso.

Es deseable que el proceso llegue, como dice el acuerdo inicial, al final del conflicto. Pero las Farc han empezado con un discurso lleno de mentiras y que ofende a las miles de víctimas.

Es tanta la desconfianza que se tiene hacia este grupo de asesinos, secuestradores y narcotraficantes, que poco se puede esperar de ellos en una mesa de diálogos de paz.

Pero más allá del papel de los criminales en esta negociación está el papel del Estado, que deberá garantizar la reparación a las víctimas y el cumplimiento de la legislación internacional sobre Derecho Internacional Humanitario.

Las Farc son una organización que por décadas ha violado el DIH y que ha cometido crímenes de lesa humanidad, que por ninguna razón podrán permanecer impunes.

Desde ya las víctimas deben empezar a organizar demandas, ante la Corte Penal Internacional, en caso de que la actual mesa de negociación deje espacio a la impunidad de dichos crímenes.

Por otro lado está el narcotráfico, del cual las Farc son uno de los cárteles más poderosos. Desmantelar la mafia narcotraficante que maneja las Farc, será uno de los puntos más álgidso y cruciales. No sólo porque deberán dejar el rentable negocio, sino porque no se sabe si Estados Unidos avale cualquier tema relacionado, pues los jefes de este cártel son ‘peces gordos’ solicitados por la DEA.

Por otra parte el Estado colombiano deberá asegurar que los miembros de la Fuerza Pública queden blindados de procesos que puedan serles lesivos. No se puede volver a repetir el caso del Palacio de justicia, en el que los defensores de la democracia enfrentan procesos, mientras que los criminales se hacen elegir y gobiernan con soberbia.

El camino de este proceso de negociación será difícil, sobre todo porque el interlocutor es falso, mentiroso y criminal.

Escepticismo absoluto.

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