Colaboración del historiador Alberto Coy Montaña | El ex Alcalde de Sogamoso y ex Rector del Colegio de Sugamuxi, doctor Manuel Abella Chaparro en nombre de la sociedad, con la aquiescencia del Alcalde de Sogamoso Mayor (r) Alfonso Ochoa Combariza, se sumó a la bienvenida al Presidente de la República, consignada en una brillante pieza oratoria titulada: “Al General Rojas Pinilla”:
“Excelentísimo señor”:
Corresponde hoy a Sogamoso abriros sus puertas, y, más que pesados portalones de goznes rechinantes, os abre de par en par las puertas de su corazón. ¿No sentís, acaso, cómo palpita de gozo el corazón de esta ciudad, que así, sobre el claustro de los triunfadores no recibe sino a muy pocos elegidos, tan sólo a los que llegan ceñidas las sienes con gajos de laurel, trayendo cadenas rotas como trofeos de victoria? Así recibió Sogamoso al propio Libertador de América en la mañana del 22 de julio de 1819”.
“Bastiones espirituales de la Patria, -– Bogotá,, Cúcuta, Cali, Girardot y ayer nomás la maternal e hidalga
Tunja ---, os han rendido férvido tributo de admiración y gratitud. Vuestra entrada de hoy a Sogamoso reviste, empero, una categoría más alta y un simbolismo más excelso”.
Gloriase la antigua Sugamuxi de haber sido la cuna o núcleo inicial de la nacionalidad colombiana. En torno a su templo del Sol creció el imperio de Nemqueteba y de Idakansas, próceres de América. Pero los cascos de los caballos de Quesada fueron osados, una tarde de agosto de 1537, a hollar la muralla de pechos nervudos y pujantes que se había cerrado en torno del Santuario. Nuestra heroica tradición, nuestra libertad, nuestro derecho, --simbolizados en ese templo augusto ---, trocáronse entonces en volcánica llamarada, que se apagó en los espacios, iluminó para siempre nuestra conciencia de hombres libres”.
“Es preciso, Excelentísimo señor, henchir de historia legendaria estos instintos jubilosos, porque ya vos habéis entrado con paso firme y pie derecho en los propios recintos de la Historia. A donde quiera que os dirijáis, los Genios de la Raza os hablan en su mudo lenguaje. Ungidos están estos lugares de la majestad de su recuerdo. Ayer oficiabais en el Altar de Boyacá y hoy llegáis a la propia entraña de la nacionalidad, a la Villa del Sol que os aclama en forma semejante a como el antiguo Cuzco, ---- otra ciudad indiana bajo el signo solar ---, recibiera en el curso de la epopeya bolivariana al campeón de América, cuando éste le ofrendara las rotas cadenas de la servidumbre, despedazadas por sus propias manos”.
“Alejandro, El Magno, se llegó un día al templo del Sol en Heliópolis y los sacerdotes que fueron a su encuentro proclamaron su arribo como augurio de una era feliz y promisoria. Tal lo proclamamos también nosotros, Excelentísimo señor, ahora que vuestra presencia en esta plaza es realidad tangible y milagrosa. Este nuestro Sol, el Sol de Colombia, que es el mismo claro Sol de América, preside nuestro destino histórico. No ha de extrañarnos, pues, que nuestra tierra boyacense sea la hija predilecta de la Gloria. Cuando la grandeza o el destino de Colombia lo reclaman, dijéranse que amorosa terquedad la Gloria lo mismo nos señala como campo a los hechos más egregios, que preside eel nacimiento de nuestros hombres claves”.
“La grandeza delos pueblos, Excelentísimo señor, nunca debiera declinar. Si un día fuimos grandes y respetados, tenemos derecho y obligación de serlo siempre. Las profundas crisis, las grandes caídas abismales, como ésta de la que vuestra mano salvadora nos está levantando, deben traer por fuerza una reacción contraria de superación nacional”.
“El sentimiento de desilusión y pesimismo que invadió nuestros ánimos, ante el espectáculo de una Patria anarquizada y envilecida, debe ceder al optimismo y la esperanza en el radioso destino de Colombia la Grande. Por eso nos subyuga espiritualmente vuestra decisión de ser fiel al espíritu bolivariano en cuanto éste concibió la dimensión exacta de la grandeza y destino de Colombia en el concierto de los pueblos del mundo”.
“El Genio de Bolívar no sólo nos pide admiración sino imitación y, ¿por qué no decirlo?, superación, si posible nos fuere. Bajo vuestra inspiración y vuestro ejemplo, Excelentísimo señor, habremos de hacer realidad los sueños del Padre de la Patria”.
“”Y esto precisamente es lo que quiere deciros Sogamoso: que contéis con él para el logro de este ideal de superación, que contéis con este nuestro pueblo que nunca ha estado corto ni esquivo, cuando de la grandeza de Colombia se trata y que siempre, sin medir el dolor ni el sacrificio, se ha hecho presente en las grandes acciones nacionales. Este pueblo generoso y corajudo, domeñador bizarro de las pampas, quiere seguiros a donde quiera que vayáis no importa cuán largo y difícil sea el camino”.
“Y os sigue porque ha creído en vuestra palabra, --- palabra de militar escrita sobre el ara de la Patria con sangre de vuestro espíritu ---, y porque la limpia hoja de vuestra espada fulgura con reflejo inmortal al bañarla con sus rayos gloriosos éste nuestro Sol, el Sol de Colombia, que es el mismo claro Sol de América”.
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