El Presidente Venezolano Hugo Chávez se reunió este martes con su homólogo colombiano Juan Manuel Santos, con quien acordó la reanudación y relanzamiento de relaciones diplomáticas entre los dos países.
La normalización de las relaciones no debería generar tanta alegría como los partidarios del proyecto político chavizta quieren hacer parecer.
Chávez, acostumbrado a usar este tipo de eventos para generar golpes de opinión, quiere con esta normalización reconquistar a los votantes colombianos que pueden ser su tabla de salvación en las próximas elecciones en su país.
Chávez, que sigue sin aclarar la presencia de terroristas de las Farc y el Eln en su territorio, ha manejado las relaciones con Colombia de acuerdo con sus cambiantes estados de ánimo.
Y, a pesar de lo que muchos desmemoriados creen, los problemas no vienen sólo de los años del Gobierno de Álvaro Uribe. Ya desde la era de Andrés Pastrana, el “sempiterno dictador” venezolano ha usado a Colombia para acallar las voces de protesta en Venezuela.
En 2002 cuando Pedro Carmona asumió el poder por unas, horas tras “el golpe de Estado”, Chávez acusó a Colombia y a la oligarquía bogotana de estar tras el incidente.
En noviembre de 2007 rompió relaciones con Colombia, tras ser sacado del proceso de acercamiento con las Farc para la liberación de secuestrados. Ya desde ahí se veía su proclividad por el grupo terrorista.
El bloqueo económico a Colombia, su reacción furiosa tras el bombardeo al campamento donde murió Raúl Reyes, la solicitud de estatus de beligerancia para las Farc, los lanzacohetes de las Fuerzas Armadas venezolanas en poder de las Farc, los homenajes y estatuas del asesino y terrorista Manuel Marulanda, entre muchos otros hechos, no dejan duda de que ningún acuerdo de Chávez con Colombia es sincero.
El rompimiento de relaciones del pasado 22 de julio y las constantes amenazas de guerra, que no son más que patrañas, para engañar, asustar y alinear a su pueblo, no se pueden pasar por alto y sólo nos llevan a preguntarnos ¿cuánto le van a durar sus supuestas buenas intenciones?
Es bien sabido que Chávez odia a Santos, lo considera uno de los miembros de la “oligarquía bogotana” que, según él, estuvo tras el “golpe” y que sus logros contra las Farc, como Ministro de Defensa, no le resultan nada agradables.
La hipocresía diplomática puede llevarlos a abrazarse y sonreírse, pero abajo corre un río tormentoso que en cualquier momento tendrá que buscar salida.
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