EDITORIAL | Santos o el mal menor

La muy ansiada renuncia del ministro de defensa, Juan Manuel Santos, llega en un momento en que poco hubiera importado que se atornillara al puesto y sólo sirve para que el país tenga que soportarlo como precandidato presidencial.

Sí bien es cierto que durante la "era Santos" se produjeron algunos de los más duros golpes a la organización terrorista y narcotraficante de las Farc, también es verdad que su periodo marcó un franco deterioro de las relaciones con los vecinos pro Farc.

Santos se negó a renunciar o poner su cargo a disposición del Presidente en ocasiones en las que, en un país serio, cualquier ministro lo hubiera hecho. Pero debido a nuestro tropicalismo tenernos que soportar que quienes aspiran a dirigir al país, usen sus cargos como plataforma política.

Como precandidato Santos pregonará "sus triunfos contra el terrorismo" (que son de las Fuerzas Militares, no de él) y repetirá al pie de la letra el discurso de la seguridad democrática que con tanto trabajo duro ha edificado Álvaro Uribe Vélez.

Ahora bien, en esta carrera presidencial tenernos a varios "muñecos de ventrílocuo" que simplemente ofrecen ser la reencarnación de Uribe. ¿Acaso es eso lo que requerimos, un títere que nos gobierne?
Santos no es confiable para reemplazar al actual presidente colombiano. Resulta ser que el mal menor va a terminar siendo elegir a Uribe para un tercer mandato.

Con los vecinos pro Farc reelegidos y atacándonos constantemente, Santos sería el fósforo que haría explotar el polvorín. Uribe en cambio haría un contrapeso diplomático entre a la tendencia insoportable de la izquierda suramericana.

Entre males, el menor y ni hablar de los demás candidatos, que poco se ve puedan aportar a la actual situación del país, en la que se requieren líderes y no seguidores.

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