La elección de Juan Carlos Ostos como alcalde de Sogamoso pone fin a la incertidumbre que generó la destitución, con trasfondo politiquero, de Enrique Camargo.
El señor Ostos llega a dirigir una ciudad incrédula y abstencionista que no confía en sus políticos. Pero más, llega a dirigir una ciudad fraccionada, dividida entre quienes creen que el trabajo de Camargo era adecuado y los que piensan que Ostos y sus padrinos son la mejor opción.
Ahora, pasada la sucia campaña, es deber del alcalde esforzarse por la reunificación social de Sogamoso. Tiene dos años para lograr que la ciudad no siga en el tire y afloje entre bandas politiqueras.
Difícil tarea tiene el nuevo alcalde, teniendo en cuenta que su campaña no se caracterizo precisamente por buscar puntos conciliatorios, sino que se fue lanza en ristre contra sus enemigos políticos, a los que pudo vencer sin la menor sombra de duda, pero que estarán pendientes de cualquier tropiezo para devolverle el favor.
Deseamos que el nuevo alcalde alcance pronto el ritmo de trabajo que le permita ejecutar su programa de gobierno y que las rivalidades políticas no sean el obstáculo para el progreso de la ciudad.
Sogamoso como todo pueblo tiene los dirigentes que se merece, ojalá esta vez no se haya equivocado.
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