Más que una ley que se quede en el papel a nuestro país le ha llegado la hora de legislar en contra del consumo de tabaco en espacios públicos.
En este sentido cursa en el Congreso el Proyecto 121 de “Espacios libres de humo”. Éste ya pasó en la comisión séptima y está listo para estudio de la plenaria del Congreso.
José Name el ponente del proyecto ha dado a conocer las amenazas de muerte que ha recibido y la presión de las tabacaleras para que este proyecto no se apruebe.
Evidentemente como le dijeron a Name en una amenaza el negocio tabacalero en Colombia mueve millones de dólares.
A las tabacaleras poco o nada les puede interesar la salud pública y mucho menos que se pongan restricciones y sanciones reales a la venta de cigarrillos a menores de edad.
Por el contrario ver niñitos fumando por las calles debe ser el mayor placer de los demonios del tabaco.
De otro lado están los poderosos fumadores, para quienes que les prohíban fumar en donde se les de la gana debe ser la ofensa más grande. Por poderosos no nos referimos a quienes fuman mucho, sino a aquellos que tienen acceso al poder, a quienes son capaces de manipular a los legisladores.
Bajo esta panorámica será difícil que la ley antitabaco se apruebe. Colombia no está al nivel de los países europeos que ya aprobaron este tipo de leyes y en los que los fumadores, sin importar su clase social, deben mezclarse en zonas especialmente diseñadas para que su humo de muerte sólo sea respirado por ellos.
Allí no sólo tienen que pensárselo bien antes de encender un cigarrillo en zonas públicas, sino que además el presupuesto para su vicio es elevado, allí adquirir un cigarrillo “suelto” es prácticamente imposible y las cajetillas no son para nada baratas.
En temas de convivencia y cultura ciudadana Colombia ha retrocedido y es necesario que se legisle para ponerle mano dura y freno a los demonios del tabaco.
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