Como en el cuento de “La pobre viejecita” los sindicalistas de la justicia pareciera que “no tuvieran qué comer, ni qué beber”.
Aplastados en las puertas de los juzgados, estos gordos ineptos, continúan recibiendo su salario aunque deberían recibir un castigo ejemplar por no trabajar ni dejar que quienes quieran hacerlo puedan ejercer sus funciones.
En un país de derecha en donde en otros tiempos se eliminaba a los sindicalistas, estos vagabundos, aprovechan las garantías que les da el gobierno para ejercer su inactividad aunque ello sea en perjuicio de miles de colombianos y en favor de los criminales.
Incluso, en medio de su estupidez intentan usar a la prensa para inventar atentados y hacerse las víctimas.
El sindicalismo ha acabado con empresas prósperas y ha hecho del Estado improductivo, lento y poco servicial.
Los sindicalistas son una plaga que se aprovecha de la cuota sindical que los empleados tienen que pagar por obligación, aunque no lo quieran. No trabajan amparados en los permisos sindicales, en su supuesto fuero.
Aprovechan para su beneficio las fincas, centros recreativos y demás propiedades que compran “supuestamente a nombre de los empleados”.
Colombia es un país donde los profesionales están mal pagos y miles aspiran a un cargo público, pues no es secreto que son los mejor pagados con primas legales y extra legales.
Entonces no se entiende ni se justifica el daño que le hace al país el paro de un puñado de ambiciosos.
Si existiera la justicia estos hampones de “cuello de tortuga”, deberían perder sus empleos para que logren entender de verdad la tragedia de los trabajadores colombianos.
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