Esta semana nuestro país recordó que existe algo más que el fútbol y la selección Colombia. El Tour de Francia y los juegos Panamericanos fueron el pretexto para que volviéramos la vista a los deportes abandonados y a los que los medios masivos no les prestan la mínima atención.
Pero lo más destacado de todo fue el orgullo de ser boyacenses que nos hizo sentir un joven campesino de Ramiriquí, que como en los tiempos de Lucho Herrera y Fabio Parra, hizo resonar el nombre de Colombia en lo alto del Tour de Francia.
Juan Mauricio Soler Hernández, a sus 24 años, ya se colocó entre el selecto grupo de ganadores de etapa en mayor evento ciclístico del mundo, junto a los de los también boyacenses Fabio Parra, Oliverio Rincón, José González y Félix Cárdenas.
Es hora de que la industria privada y los, muchas veces incompetentes, directivos deportivos se fijen en los luchadores que montados en una bicicleta recorren las veredas boyacenses, soñando con un oportunidad, que es todo lo que necesitan para demostrar que los sueños se pueden hacer realidad y que lo único que se requiere para ganar es voluntad, esfuerzo y el coraje para llegar al final sin rendirse.
Gracias Mauricio Soler por hacernos creer en la berraquera boyacense.
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