El pasado 8 de abril nuestro editorial se refirió a la infamia terrorista que le costó la vida a dos niños y una adulto en un atentado en Bogotá contra Transmilenio. Ahora el país se ha convulsionado por el asesinato de Liliana Gaviria, hermana del ex presidente Cesar Gaviria.
De nuevo, no dudamos en asegurar que este acto es "estupidez de los terroristas". De seguro que esto no desestabilizará ni al gobierno, ni a su política de seguridad. Con toda seguridad estos actos, en lugar de deteriorar la imagen del actual gobierno, lo que hace es justificar y afianzar más la política de seguridad democrática del gobierno Uribe.
Dejando a un lado la política, es absolutamente necesario que en Colombia se empiecen a valorar por igual las vidas de todos los ciudadanos. Las masacres, asesinatos y secuestros no son un tema de clases, es la enfermedad que sufre nuestro país, la enfermedad de la estupidez terrorista a que todos deberíamos intentar erradicar.
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