Después de casi dos años de negociaciones finalmente el pasado lunes se firmó el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, TLC.
Altos volúmenes de información generados durante las negociaciones y después de la firma, incluso la que falta, cuando la Corte Constitucional falle las demandas de constitucionalidad del tema han sido casi en vano.
Pero más allá de todos los grandes titulares y la farsa del show televisivo está la opinión del ciudadano del común, ese al que sólo le preocupa tener qué comer y dónde de dormir.
A ese le importa muy poco si el dólar sube o baja, si los importadores se van a enriquecer o si los exportadores van a tener que ser creativos.
En pocas palabras el TLC es mirado con absoluta indiferencia, después de la "apretura económica" del gobierno Gaviria este país ya sabe bien que le viene "pierna arriba" y lo peor es que no le importa.
Los de a pie, como los llaman en Casa de Nariño, sólo quieren que no los dejen morir en la puerta de los hospitales, que a sus hijos los sigan atendiendo en los comedores del Bienestar Familiar y que de alguna manera se puedan ganar "el pan de cada día".
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