Esta estrategia de medios "prepagados" abarca desde talleres gratuitos ofrecidos por el programa CompaRTe de RT hasta pagos directos en efectivo por artículos que atacan a gobiernos específicos.
La operación no se limita a los medios de propaganda tradicionales como RT en Español y Sputnik Mundo, que ya cuentan con una audiencia masiva en toda la región. Va más allá, infiltrando narrativas afines al Kremlin en medios digitales locales y redes de influencers en las que millones de latinoamericanos confían como propias.
La mecánica de la operación
Rusia emplea dos enfoques principales. El primero es relativamente abierto: programas de capacitación. Según el informe DNA presentado a principios de abril de 2026, más de 1000 periodistas, influencers y creadores de contenido de al menos ocho países —Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Cuba, México, Nicaragua y Venezuela— han participado en talleres organizados por RT CompaRTe. Estas sesiones, ofrecidas durante los últimos tres años, abarcan producción audiovisual, estrategias de redes sociales, el uso de inteligencia artificial y técnicas de verificación de datos diseñadas para favorecer las perspectivas rusas. El programa también incluye a unos 200 creadores hispanohablantes radicados en Rusia que producen material específicamente adaptado al público latinoamericano.El segundo enfoque es encubierto y más directo. El ejemplo más claro surgió en Argentina, donde documentos filtrados de una red conocida como "La Compañía" —supuestamente vinculada a la inteligencia exterior rusa— revelaron que se gastaron entre 280 000 y 283 000 dólares entre junio y octubre de 2024 para publicar más de 250 artículos en más de 20 medios digitales argentinos. Los pagos oscilaron entre unos pocos cientos de dólares y hasta 3100 dólares por artículo. Muchos de estos utilizaron periodistas fantasma, firmas falsas o historias plantadas diseñadas para desacreditar al gobierno del presidente Javier Milei, desalentar el apoyo a Ucrania y avivar las tensiones regionales.
Patrones similares han aparecido en otros lugares, aunque hasta ahora con menos evidencia concreta de pagos directos. En Colombia y otros países, el enfoque se ha centrado más en la capacitación, con comunicadores locales que potencialmente amplifican narrativas pro-Kremlin en las redes sociales sin darse cuenta —o admitir— de la fuente final de la orientación.
Esto refleja un caso de 2024 en Estados Unidos, donde dos empleados de RT fueron acusados de canalizar casi 10 millones de dólares a una empresa que contrató a prominentes influencers de derecha para producir contenido crítico con la ayuda a Ucrania y la política exterior estadounidense. En ambas regiones, el objetivo es el mismo: hacer que el mensaje parezca orgánico y local.
¿Por qué Rusia invierte en esta estrategia?
Tras lanzar su invasión a gran escala de Ucrania en 2022, Rusia se enfrentó a fuertes restricciones en los medios de comunicación occidentales. Los medios tradicionales de Europa y Norteamérica prácticamente la silenciaron o censuraron su contenido. Moscú respondió redoblando sus esfuerzos en el Sur Global, donde el sentimiento antioccidental suele ser más fuerte y los ecosistemas de medios digitales están más fragmentados y son más fáciles de penetrar.Las motivaciones son pragmáticas. Al moldear la opinión pública en América Latina, Rusia busca erosionar el apoyo a las sanciones y la ayuda militar a Ucrania . Desea debilitar la influencia estadounidense en lo que todavía considera la tradicional zona de influencia de Washington. Cada artículo que presenta la guerra como una "agresión de la OTAN" o critica a los líderes prooccidentales contribuye a preservar las alianzas con países como Cuba, Venezuela y Nicaragua, al tiempo que desalienta a otros a acercarse a Occidente.
Existe también un objetivo ideológico más amplio: promover un mundo multipolar en el que las potencias autoritarias enfrenten menos controles. Al mismo tiempo, la operación resulta notablemente rentable. Unos pocos cientos de miles de dólares pueden generar cientos de historias aparentemente independientes que llegan a millones de personas, mucho más barato que la diplomacia convencional o las maniobras militares.
Posibles repercusiones para la política latinoamericana
Los efectos ya se están sintiendo y podrían agravarse con el tiempo. El contenido pagado o dirigido tiende a amplificar las divisiones políticas existentes, polarizando aún más a las sociedades y dificultando la concordancia sobre hechos básicos . En Argentina, la campaña se centró específicamente en las reformas económicas de Milei y su alineación con los países occidentales. En otras naciones, esfuerzos similares podrían disuadir a los gobiernos de criticar a Moscú, impulsarlos hacia la neutralidad en el caso de Ucrania o fomentar lazos económicos más estrechos con Rusia y sus socios, como China.A un nivel más profundo, estas operaciones corren el riesgo de socavar la confianza en las instituciones democráticas. Cuando los ciudadanos tienen dificultades para distinguir entre el periodismo local genuino y las narrativas dirigidas desde el extranjero, la fe en los medios y la política se erosiona. Esto crea un terreno fértil para las teorías conspirativas y beneficia a los líderes que prosperan con el sentimiento antisistema. Con RT en Español, que cuenta con más de 18 millones de seguidores en Facebook y casi 6 millones en YouTube en la región, su alcance es lo suficientemente sustancial como para influir en los debates públicos, los movimientos de protesta e incluso los resultados electorales en contiendas reñidas.
Cómo protegerse contra los medios de comunicación "prepago"
Latinoamérica no necesita una censura severa para contrarrestar este desafío. Las respuestas más efectivas se centran en la transparencia, la alfabetización mediática y la rendición de cuentas.Los lectores y espectadores pueden protegerse desarrollando hábitos sencillos: contrastar la información con organizaciones independientes de verificación de datos, preguntar si un medio divulga sus fuentes de financiación y observar cuando varios sitios promueven repentinamente un enfoque idéntico sobre un tema. Las herramientas que evalúan la fiabilidad de los medios pueden ayudar a detectar patrones sospechosos.
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Para los periodistas y las redacciones, la prioridad debe ser establecer normas claras de divulgación para cualquier contenido patrocinado o vinculado al extranjero, junto con un rechazo firme a los acuerdos de redacción fantasma. Los gobiernos pueden desempeñar un papel constructivo al hacer cumplir los requisitos de registro de agentes extranjeros, investigar las redes de tráfico de influencias y publicar periódicamente evaluaciones de amenazas sin recurrir a prohibiciones totales.
Las plataformas de redes sociales deben seguir mejorando el etiquetado de las cuentas afiliadas al Estado y degradando el comportamiento inauténtico coordinado, aplicando los mismos estándares independientemente del país involucrado. Mientras tanto, las organizaciones de la sociedad civil pueden apoyar el periodismo de investigación colaborativo —el tipo que expuso los pagos argentinos— e impulsar una mayor protección para los denunciantes.
El caso de Argentina demuestra que la transparencia sigue funcionando. Cuando salieron a la luz documentos que revelaban la magnitud de los pagos y el uso de firmas falsas, se desató el escrutinio público y la atención internacional. Revelaciones similares en otros países podrían tener el mismo efecto.
La campaña de influencia rusa en América Latina es sofisticada, pero no invencible. Explota la frustración real que sienten muchos en la región ante la desigualdad, la doble moral en política exterior y las dificultades económicas. La mejor defensa no es silenciar el debate, sino asegurar que este se base en fuentes transparentes y voces locales genuinas, en lugar de guiones prepagados desde el extranjero. A largo plazo, una ciudadanía más crítica y un entorno mediático más responsable serán el mejor baluarte contra cualquier potencia extranjera que intente comprar la opinión pública en secreto.

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