El caso de abusos sexuales cometidos por un sacerdote católico en Cali, cuya defensa culpa a los niños, es una terrible muestra de la complicidad de la Iglesia.
La defensa de la Iglesia acusa a los niños de ser los culpables de haber sido violados y a sus padres por no haberlo evitado.
Esa conducta es criminal, acusar a las víctimas de violación y encima culparlos por ello. Es totalmente reprochable que se escuden en una infamia para buscar enredar a la justicia.
La Iglesia Católica ha permanecido en el mutismo, dejando que sean sus leguleyos quienes intenten sacarlos del problema.
Los niños fueron abusados en 2009 y el cura fue sentenciado en 2012 a 33 años de prisión. Sin embargo la Iglesia ha venido eludiendo su responsabilidad
Lo que hoy se pide es que la Iglesia debe pagar las reparaciones y no seguir eludiendo sus responsabilidades.
Ni un solo niño más debe ser abusado.
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