Opinión | La desesperación desconoce la razón

Opinión | La desesperación desconoce la razón

Darío Álvarez Morantes* | La desesperación por lograr resultados tangibles en las dilatadas negociaciones del gobierno colombiano con las Farc, desde Oslo Noruega y ahora  en la Habana –Cuba, está permitiendo el desconocimiento de la razón, pues con el ánimo de blindar el Proceso de Paz, se quieren ignorar los parámetros  legales, tomando decisiones apresuradas no acordes con la constitución nacional, que buscan refrendar  a presente y a futuro, acuerdos que aún no se han consolidado como: las condiciones de reinserción, la dejación de las armas, la participación en política, la reparación a las víctimas y las políticas para el complicado manejo del post – conflicto; de modo que no se puede ensillar antes de traer las bestias.

Es peligroso establecer imposiciones inmodificables sobre procesos y pactos que aún no se han dado en firme, porque así como se pueden refrendar algunos aciertos también se incluye la aprobación de los equívocos, otorgando concesiones exageradas al grupo al margen de la ley, para lograr una paz relativa, a un alto precio para la sociedad. Pactar un acuerdo en condiciones ampliamente generosas con las Farc, marca un límite de negociación que  tendrán como parámetro referente para negociaciones futuras otros grupos insurgentes, que no negociarán por menos y van a sumar otras pretensiones a sus propuestas, de modo que el gobierno tampoco puede ser tan permisivo en los diálogos de paz.

El ex presidente Uribe permitió la llegada de los paramilitares al congreso y ahora el presidente Santos quiere hacer lo mismo con la guerrilla, cuando son los grupos ilegales los que deben someterse a la legalidad del estado para negociar y no el gobierno colombiano postrado ante sus condiciones. Se quiere dar un estatus internacional a la negociación para la terminación del conflicto, que no ha existido, porque no se tienen regularmente en el proceso, vocero ni garantes de países aliados ni de, la ONU ni de la OEA y pasados más de tres años y medio de negociación, aún ni siquiera se  sabe en definitiva el número de delegados de las Farc y del Gobierno  que participarán en el proceso para consolidar la Paz.

Si le preguntamos a los jefes guerrilleros que motivos los llevaron para resultar alzados en armas, posiblemente nos contesten que, tienen sus ¨ideales¨ en contra de las desigualdades entre las clases sociales, la inequidad en la distribución de las tierras y el ingreso, la perpetuación  en el poder a manos de unos pocos, la falta de reconocimiento de los derechos de los ciudadanos por parte del estado, el saqueo de los recursos naturales, la falta de oportunidades de educación, trabajo y desarrollo social, la carga de impuestos contra el pueblo entre otras.

Pero lo irónico es que en su actuar traicionan sus principios y en las negociaciones estas propuestas no aparecen y se centran más en las conveniencias del grupo insurgente, que en el logro de los derechos y beneficios para el pueblo.

Analizando un poco la historia,  la verdad, el conflicto armado en Colombia desde antes de  la década de 1.950 comenzó por la pugna política, después  con la guerrillas representando la extrema izquierda en contra del gobierno,  posteriormente con entrada de los grupos paramilitares representando a la extrema derecha y la bandas criminales motivadas por la rentabilidad del mal, los tres financiados con el delito en todas sus manifestaciones y motivadas por el patrocinio de los vándalos aliados de la minería ilegal, el narcotráfico y algunos  delincuentes de cuello blanco en un continuo conflicto de intereses.

Pero entre los años 1.988 y 2.004 es cuando se nota más la fragilidad del estado para controlar la insurgencia y se recrudece el conflicto por la territorialidad e intereses de los grupos al margen de la ley por sus negocios; se organizan las tomas armadas a las poblaciones, se intimida a la gente, crece el secuestro individual y colectivos, se aumenta la  extorsión, se ejecutan desapariciones forzadas, reclutamiento de menores de edad, violencia sexual, instalación de minas antipersonales y desplazamientos masivos. Lo que nos permite concluir que el conflicto ha tenido como ejes fundamentales el poder político y económico, sin que se proponga para la paz,

La Equidad social, el respeto a la vida,  la sana convivencia con principios y valores, el reconocimiento de los derechos y deberes del ciudadano, el saneamiento de la justicia, el fortalecimiento de la producción interna y el cambio de actitud para la aplicación de una democracia participativa sin politiquería ni corrupción.

De modo que no nos hagamos muchas ilusiones porque el proceso no es nada fácil, si se arregla por un lado se sale de las manos por el otro y posiblemente no lo culmine este gobierno, porque se necesita dilatarlo un  poco más, para continuar con la inobjetable propuesta de la paz, que el próximo presidente elegido con la misma bandera, por fin logrará para la satisfacción de todos los incautos colombianos, que votamos siempre por los mismos con las mismas.

No se puede conseguir la paz, ni por la fuerza ni con la inequidad social,  es preciso aportar, justicia, igualdad, respeto, entendimiento, compromiso y mucho amor entre la gente
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*Dirigente gremial.

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