Opinión | De la restitución de bienes a los despojados

Opinión | De la restitución de bienes a los despojados

Ricardo L. González | Hay que restituir los bienes que han sido usurpados a colombianos, especialmente a esos que han sido víctimas de otros que se han apoderado de lo que les pertenecía, a lo que en justicia tenían derecho. Creo que esto lo aceptamos todos.

El problema surge cuando nos preguntamos, ¿Y quién o quiénes son los que están obligados a devolver a las víctimas, a restituirles lo que han perdido ahora, pero también tiempo atrás? Porque si miramos el ahora, el que fue desalojado de su tierra, se la debe devolver el que se la usurpó, sea persona, o sea grupo. En el tiempo reciente, los más grandes usurpadores son grupos como los de guerrilla, paramilitares, bacrim, aunque también hay personas naturales que se valen del poder que tienen para apoderarse de lo ajeno. Todos estos creo que son reconocibles, y la autoridad puede ajusticiarlos y obligarlos a devolver lo usurpado.

Pero, y si miramos hacia atrás, donde el tiempo empieza a ocultar las verdades, y empiezan a perderse los culpables, ¿Quién los enjuicia, quién los obliga a ellos o a sus descendientes a reparar a las víctimas? Porque, si alguien debe repararlas es el culpable de las situaciones que llevaron a que se produjeran los desalojos, las injusticias. Nada más en los últimos cincuenta a o sesenta años, ¿Cuál fue la causa de la formación de las bacrim? No surgieron por generación espontánea.

Por lo tanto, tan culpables son los que delinquen en esos grupos como quienes las motivaron a constituirse en usurpadores. Podría pensarse que surgen del desmonte de los grupos paramilitares. Y estos, ¿De dónde y por qué surgen? Porque el estado fue incapaz de defender a sus ciudadanos, que se ven obligados a defenderse. Por esto se llamaron grupos de autodefensa. ¿Los culpables son quienes integran esos grupos, o quienes, por no asumir el rol que les asignó la Constitución, no fueron capaces de defenderlos? Entonces, la culpabilidad en ese momento histórico hay que compartirla, entre los gestores de esos grupos, sus integrantes y quienes propiciaron su conformación por su omisión y negligencia. Pero también culpable de la conformación de las autodefensas son las guerrillas, porque sin su hostigamiento, las autodefensas no existirían. No habría justificación para su conformación.

Y por esta misma vía, ¿Las guerrillas por qué existen? ¿Surgen por generación espontánea, o hay causas que las generan? En los discursos recitados en los intentos de terminación del conflicto armado entre gobierno y guerrillas, siempre se repite lo mismo: Las guerrillas surgen como reacción al trato injusto que dan los dueños de los bienes de producción, que además son los que siempre han tenido el poder que utilizan para defender lo que usurparon a quienes históricamente han sido desfavorecidos y que viven en la miseria, y que no tienen opinión ni poder. Los que siendo mayoría, se sienten abandonados y explotados por la clase dirigente.

Si retrocediéramos a la época de la independencia, no es difícil reconocer que, liberados de los españoles, el país productivo quedó en manos de algunas familias que se apoderaron de los bienes de producción, empezando por las tierras, y que luego fueron derivando en nuevos bienes, a medida de que fue cambiando la estructura de la economía.

Algunos hablan de trescientas familias, más o manos, que distribuidas en el territorio nacional, se acomodaron y se afincaron en esos bienes, y conformaron el poder político para su defensa. Y quienes no pertenecieron a esas familias tuvieron que someterse a sus caprichos, a sus mandatos, a sus intereses, a la forma de gobierno que impusieron. Y montaron un sistema para perpetuar su hegemonía. Las riquezas fueron en aumento para que los descendientes tuvieran iguales oportunidades que sus antecesores, y el poder fue trasmitiéndose de generación en generación. Los delfines de cada familia fueron turnándose en el poder, acogidos por uno de los dos partidos políticos, pero siempre de común acuerdo.

La educación fue privilegio de estas castas, de modo que sus nuevas generaciones tenían como disculpa ser los que tenían las herramientas para asumir el poder. Los partidos políticos tuvieron su normatividad, procurando que el poder no se escapara de sus manos. Quienes intentaron escalar sin pertenecer a dicha casta fueron asesinados, o en algunos casos absorbidos para mantenerlos bajo control, aunque algunos que lograron descollar económicamente fueron aceptados, así su ascenso fuera por medios discutibles, pero aceptables por la naciente corrupción, y quienes con el tiempo fueron creando sus castas con derecho a ostentar poder. Es característico que el pertenecer a esa clase alta, les eximió históricamente de aportar con impuestos a los gastos del país, que fueron trasladados a la clase media y baja.

Y así se llega al momento en que personas pensantes reaccionan. Surgen movimientos en contra de quienes han ostentado el poder, y se organizan en forma de grupos guerrilleros. Y su lucha la justifican como reacción contra la oligarquía opresora.

Entonces, ¿quién más debe entrar a aportar para restituir a las víctimas? Si damos esa mirada, la oligarquía colombiana está tan obligada, o más, que cualquier otro de los que han sido señalados como causantes de la injusticia social, porque históricamente, y no solo en los últimos cincuenta años, han usufructuado los bienes de producción y el poder, y han sometido al colombiano del común a vivir de las migajas que les sobran. Y sus aportes deben incluir sus ganancias que nunca han sido declaradas. Y seguramente, quienes tienen menos obligación de aportar son las clases media y baja, porque no solo no han usurpado nada, sino que han sido los dolientes de toda esta historia.

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