Opinión | Rezar por tradición u orar por convicción

Opinión | Rezar por tradición u orar por convicción

Darío Álvarez Morantes* | En la semana santa, cuando se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, cada año, entre los meses de marzo y abril, las comunidades católicas, se apresuran a participar de las actividades litúrgicas, sociales y culturales, programadas en cada pueblo o ciudad y desde el domingo de ramos hasta el domingo de resurrección.

En Colombia, se disfruta de la semana mayor, dando rienda suelta a la diversión en algunos  casos,  sintiendo la esencia religiosa con mojigatería en otros o finalmente los que apegados  a las tradiciones o por el temor del que dirán no se pierden celebración; para criticar, a quien asistió a misa, a  quien regresó a la ciudad o hasta como estaba vestido el vecino para cada ocasión, sin analizar el significado de la cuaresma, la eucaristía, el triduo pascual, la pasión de cristo, las 7 palabras, la vigilia pascual y la resurrección; pero eso si rezando distraídos pero sin cesar, con la repetición sistemática de mensajes, frases y retahílas preestablecidas, hasta desgastar las ideas y desvirtuar las celebraciones, al estilo de los gentiles quienes pensaban que en cuanto más pronunciaran palabrería más serían oídos, o peor aún a la usanza de los paganos que creían que entre más repitieran palabras inútiles más tendrían oportunidades de una respuesta.

De modo que el cambio es total para este último grupo en esta época, se confiesan, corrigen con advertencias a los hijos,  adoptan otro comportamiento con los vecinos con plena hipocresía, no dicen malas palabras, demuestran bondad y piedad, a tal punto que hasta los desconocemos en esta semana.

Algunos, sacerdotes y diáconos han caído también en este círculo vicioso, donde aparentar es más importante que practicar y la semana santa debe ser generosamente apoyada y suntuosa, no importa que la patrocine el traqueto del pueblo.  Sin pretender que la gente se aparte de las bonitas tradiciones ni que se reduzca el esplendor de las celebraciones y representaciones, ni que se prescinda del merecido descanso y el disfrute del turismo, vale la pena reflexionar y analizar cuanto nos arrepentimos, cuanto fortalecemos el tejido social, cuanto fomentamos los principios y valores humanos, cuanto oramos en familia, cuanto nos acercamos a Dios en la Semana Santa y cuanto nos comprometemos a mejorar en todo el año para bien de nuestro hogar, nuestra sociedad y nuestro país.

Porque por lo general ocurre todo lo contrario, crece la delincuencia, crece la accidentalidad, crecen las riñas, crece la especulación de precios en los mercados y destinos turísticos, crece el impacto a los recursos naturales y al medio ambiente y se perfila cada día la semana santa como una oportunidad comercial, que bajo nuestra mirada indiferente, deja en segundo plano su  sentido religioso. La conclusión de lo bueno es que en Colombia somos más los buenos y estamos aprendiendo a orar, pero la conclusión de lo malo es que siguen proliferando los Herodes, Caifases,  Pilatos; Barrabases, judas y tomases.

Pero  la invitación es a que debemos cambiar de actitud frente a nuestras preferencias religiosas y sin tanto fanatismo aprender a orar para dialogar de corazón con Dios y la Virgen, con la más plena convicción de fe, para creer en lo que no hemos visto y desconfiar de lo que nos prometen con facilidades de riqueza, expresando los más profundos sentimientos de agradecimiento, amor, comprensión, tolerancia, humildad y motivación, con menos pedidera y más compromiso, fundamentado en el deber que tienen las personas, que viven, piensan, sienten y convencen, con seguridad, respeto y confianza, porque la  esencia de la semana Santa, no es la farra, el engaño ni el negocio, sino el ejemplo valiente de Jesucristo, oponiéndose a los poderosos, apoyando a los pobres y proponiendo una nueva forma de vida basada en el amor, que debemos cultivar todos como buenos agricultores, ya que él no volverá a sacrificarse nuevamente para redimir nuestros pecados.

¨Sólo hay una religión verdadera, pero pueden haber muchas especies de fe".
Immanuel Kant

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*Dirigente gremial.

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La Semana Santa

Del campo baje a mi pueblo para asistir a la misa,
Me encontré con mucha gente que allí  estaba celebrando,
Al son de trago y cerveza con gritos y mucha risa,
Pero poca devoción por participar orando.

Comprendí que Dios existe y siempre estará escuchando,
Las plegarias de sus hijos con fe y actitud sincera,
En todos nuestros proyectos él nos estará ayudando,
Si aportamos compromiso,  sin actitud zalamera.

Es que en la semana santa el ejemplo es Jesucristo,
Que por amor a nosotros murió para redimirnos,
Pero de fe y de valores el pueblo esta desprovisto.

Que el demonio no actúe ni trate de confundirnos,
Fundamentemos la fe atendiendo hasta imprevistos,
Porque puede no haber tiempo, siquiera de arrepentirnos.

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