Dario Álvarez Morantes* | El cambio climático se define como la modificación progresiva del clima en relación a los históricos regionales y globales, que aunque son del orden natural motivados por el ciclo del agua, el ciclo del carbono, influencia de los vientos, la luz solar, la actividad volcánica, la posición de la luna, las variaciones atmosféricas, el aumento de la temperatura en los océanos y en general cualquier desequilibrio sostenido, entre la cantidad de energía que entra a la tierra y la que sale del sistema, su desbalance tiene mucho que ver con la irresponsabilidad de la gente para ocasionar toda clase de contaminaciones y detrimento de los recursos naturales y el medio ambiente.
Pero lo más grave es que somos totalmente inconscientes un nuestra cotidianidad, porque forzamos estas condiciones adversas para la vida, contaminando todos los días con la mala cultura en disposición de basuras, la utilización de productos de consumo con empaques no biodegradables y de efectos adversos como los aerosoles, contaminación industrial y smog vehicular (Gases de efecto invernadero), aplicación irracional de plaguicidas y la falta de aprecio por la tierra, el agua y nuestro entorno; pero particularmente en Colombia la situación se agrava por la irresponsabilidad de la gente en sus acciones vandálicas, como los incendios forestales que este año han llegado a cifras aterradoras de 18 por día, según el reporte del periódico El Tiempo, lo que demuestra el grado de insensibilidad de los delincuentes, ya que más del 90% de estas conflagraciones son provocadas, sin importar el impacto negativo a las personas, al medio ambiente, a la economía del país y a las fuentes de agua en plenos rigores del fenómeno del niño.
Ahora si analizamos la tala de bosques, que es ilegal en un 70% y la explotación minera que tiene alto porcentaje de informalidad, la quema de combustibles fósiles, la contaminación industrial etc., Las cosas se complican mucho más amenazando la seguridad alimentaria y las condiciones ambientales para la subsistencia de muchas especies, por la disminución de los cuses de los ríos, derretimiento de los glaciares, reducción de los manglares, deforestación, aumento de los casos de malaria, dengue y sika.
Según la ONU, Colombia es uno de los ocho países más vulnerables del mundo a ver perjudicados sus recursos pesqueros debido al calentamiento global. Esto a causa de variables como el cambio en la productividad de las especies, la importancia de la pesca en la economía nacional, la dieta y la limitada capacidad de adaptación a los impactos ambientales. La pérdida de recursos pesqueros está directamente asociada con el deterioro de los manglares.
El índice de sobrevivencia de ellos en Tumaco, según el estudio, está entre el 12,8 y el 47,6 por ciento, lo que resultó en el colapso del ecosistema, la reducción de la industria pesquera y, por ende, en los ingresos económicos de la zona, según el estudio (IPCC), del organismo multilateral.
El documento también explica que la ampliación de la frontera agrícola se ha llevado a través de la deforestación, especialmente en la selva amazónica y los páramos, siendo la ganadería el principal uso de esas tierras¨.
Analizando el impacto negativo tan solo en una pequeña especie como las abejas melíferas y nativas por reducción de su apoyo en la polinización de los cultivos, causada por el trastorno de colapso de las colonias que las desorienta y nunca regresan a sus colmenas, la producción de alimentos de origen agrícola se ve seriamente afectada, además el uso irresponsable de plaguicidas ha eliminado la diversidad natural de las plantas, que las abejas y otros polinizadores requieren y desarrollan.
La universidad de Harvard analizó suministros de 224 tipos de comida en 156 países y cuantificaron la cantidad de nutrientes que contienen los alimentos y determinaron hasta qué punto influyen en esto los polinizadores y los resultados fueron impactantes, 71 millones de personas en el mundo podrían desarrollar deficiencias de vitamina A y 173 millones presentarían deficiencias de folato, se reduciría la producción de frutas, hortalizas y semillas en el 23%, 16% y 22% respectivamente al eliminarse los polinizadores¨.
De modo que si queremos tomar conciencia y cambiar de cultura frente al progresivo cambio climático que estamos propiciando, el manejo adecuado de las basuras, la responsabilidad de cuidar el agua los suelos y los bosques, el ahorro de energía o el uso de energías alternativas renovables, el reciclaje, la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, la construcción de viviendas mejor planificadas, más fuertes y mejor diseñadas para soportar temperaturas extremas, el mantenimiento de los ecosistemas, el manejo responsable de plaguicidas, conducir menos, utilizar la bicicleta o caminar y crear conciencia de que el cambio climático nos está afectando a todos, ya nos son simplemente recomendaciones, sino acciones urgentes de cambio de actitud, que debemos emprender con el apoyo del estado, el sector privado y todas las comunidades, si queremos seguir viviendo en condiciones ambientalmente sostenibles.
Si tomáramos conciencia de lo grave que es el cambio climático y quisiéramos cambiar nuestra actitud, ¡mañana todos sembraríamos un árbol y respetaríamos la naturaleza!, pues solo podemos vivir unos días sin comida, menos tiempo aún sin agua, pero solo unos minutos sin aire.
El cerebro solo aguanta 4 minutos sin oxígeno antes de empezar a fallar, utilicémoslo bien para cuidar nuestros recursos naturales y el medio ambiente, ahora que podemos pensar tranquilamente, porque en las catástrofes las decisiones son urgentes, las opciones pocas y muchas veces ya no existen¨.
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Dirigente gremial.
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