Dario Álvarez Morantes* | La problemática del sector agropecuario colombiano, es conocida por propios y extraños, los primeros no hacemos mucho para cambiar y los segundos si buscan todas las oportunidades, legales e ilegales para competirnos al mejor estilo de un mercado Globalizado.
Adolecemos de una política estructural, integral de estado para el desarrollo rural, es marcada la concentración de la tierra en manos de unos pocos y cuestionada la asignación de baldíos, tenemos altos costos de producción, poca infraestructura, altos riesgos, deficiente asistencia técnica, restricciones para el acceso al crédito, baja e ineficiente asociatividad, escasas economías de escala, pobreza predominante en el campo, violencia, desigualdad e informalidad, reducción progresiva de la mano de obra y como si fuera poco las políticas y programas del gobierno se contaminan de politiquería y corrupción.
Sin embargo el campo no pasará de moda. ¨Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el mundo debería incorporar 3,75 millones de hectáreas por año para la producción de alimentos desde ahora hasta el año 2030 para satisfacer la demanda creciente. Dicha demanda, según el Foro Económico Mundial, podría aumentar en 70% de aquí al año 2050¨.
Es aquí donde se presentan las oportunidades, si bien los países desarrollados, son los que producen mayor cantidad de alimentos por hectárea, también cabe resaltar que ya están llegando a su máximo potencial y se les acabó el área agrícola, Colombia solo explota un poco más del 24% de su potencial agropecuario y ha desaprovechado grandes extensiones de tierra en los departamentos de Arauca, Casanare, Meta, Vichada, Guaviare y Guainía con un total de 13.5 millones de hectáreas en la llamada altillanura.
Esta región es de gran importancia para fomentar cultivos de granos y cereales que son el grueso de las importaciones. ¨Según la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) Las exportaciones agrarias del país se han concentrado en café, flores y banano, con 61% de las ventas, estos rubros sin duda son importantes, pero también resulta claro que Colombia podría aprovechar mejor su biodiversidad, su clima y su posición geográfica para expandir su portafolio y no depender de pocos sectores¨.
Pero para abocar el verdadero desarrollo rural con cara al pos conflicto, es preciso pensar primero en el productor, como eje fundamental y actor indispensable en el desempeño de las labores agropecuarias, partiendo de los principios de equidad, justicia, respeto y reconocimiento, para motivar su gestión y modernizar su acción, hacia una empresarización productiva, sostenible y competitiva. Son válidas las propuestas de algunos expertos sobre fortalecimiento institucional, movilidad social y crecimiento, estimulado por la inversión pública y la participación del sector privado, pero no acosando a los pequeños productores con impuestos, que hacen más difícil su ya pesada carga para mantenerse vigentes en el campo.
En conclusión no basta con abrir las fronteras al comercio internacional con políticas de liberalización, privatización y desregulación para ganar supuesta participación en la economía mundial; La consolidación de cadenas productivas o clúster ha sido una estrategia con estructuras económicas locales con capacidad competitiva internacional, pero es cuestionable el impacto social y su aporte a la producción nacional.
Como lo afirma el analista de políticas y economista Rafael Isidro Parra, la política pública debe ayudar a la reducción de la pobreza rural, las economías rurales, no pueden ser competitivas y sostenibles sin general riqueza mediante la vinculación de los pequeños productores a cadenas productivas y a los mercados.
Se debe tener en cuenta las agendas nacionales departamentales y municipales para hacer articulación productiva y de mercados con: Mercados modelos empresariales y pequeños productores, Tratados de libre comercio bien negociados, Desarrollo de capacidades para generar ingresos, planificación del desarrollo y dinámicas territoriales exitosas, reducción de las brechas de género en el campo, Relevo generacional y políticas para transición demográfica, Instituciones para el desarrollo rural, Infraestructura, Ciencia y desarrollo para el desarrollo rural y atención al cambio climático.
En conclusión no es posible aclimatar la paz, sin un pos conflicto que sea liderado por el desarrollo rural, para generar oportunidades de trabajo y resocialización de los reinsertados, que saben más de agricultura que de labores urbanas.
Solo se justifica la explotación racional minera y de combustibles físiles, si su objetivo es la modernización, sostenibilidad y competitividad de la agricultura, para asegurar la comida de los colombianos.
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*Dirigente gremial.
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