Sólo cuando el escándalo se hizo insostenible, el general Rodolfo Palomino decidió dar "un paso al costado". La torpeza del gobierno lo sostuvo esperando que amainara el temporal.
A Juan Manuel Santos le gusta jugar con el país, mentir y creerse sus mentiras. En diciembre, cuando se destapó el tema del seguimiento e interceptaciones ilícitas a periodistas, él aseguró que sin pruebas no movería a Palomino. Se le presentaron, pero prefirió ignorarlas.
Santos dejó la cosa como si nada. Ignoró el problema, que no era el tema de la persecución a comunicadores, sino la hedionda olla podrida que hay al interior de la institución. Ni siquiera el tema de la "comunidad del anillo" es tan relevante como la corrupción.
Ante todo esto, el torpe gobierno que tenemos, decidió que lo mejor era una "comisión". Misma que apenas fue legalizada ayer, tras conocerse el video de un viceministro y un capitán de la Policía.
Palomino debió irse el día uno de todo este escándalo, a responder disciplinaria y, si es necesario, penalmente. Ideal, y así lo deseamos, que sea inocente; pero debió empezar su defensa fuera de la Institución para evitar dañar el prestigio de la Policía.
Ahora, cuando se le vino el Mundo encima, da el "paso al costado", pero este debe ser el primero que ha de dar la Policía en su depuración. Se debe sacar a los corruptos que intimidan, roban, trafican y delinquen detrás del uniforme.
El Gobierno debería dejar de mentirle al País y empezar las transformaciones de fondo, que se requieren para que haya una verdadera paz.
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+EXCELSIO
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