Esto agravado por la violencia, la reducción del empleo que predice la OIT y la desigualdad que llegará al 0.600, (Donde cero es igualdad total y uno desigualdad absoluta), porque en Colombia el 45% de la tierra la poseen el 5% de los propietarios, el 49% de la población ocupada está en la informalidad, el 10% de los hogares con mayores recursos, percibe más del 40% de los ingresos laborales mientras el 90% obtiene el 60% restante etc.
Conforman el gran paquete de condiciones adversas, que hacen presagiar un año muy poco halagüeño para el mundo y en particular para nuestra población menos favorecida, entre ella los agricultores Nacionales; sin que el gobierno tenga una alternativa viable, sostenible y funcional para el fortalecimiento de la economía en el corto, mediano y largo plazo.
El país le apostó al fortalecimiento del sector financiero, a la industria con inversión extranjera, a una minería mal administrada y al fomento de las importaciones, convirtiéndonos en una república, que depende de los demás para garantizar su consumo interno bruto, descuidando sectores tan importantes como el Agropecuario y de manufacturas, lo que muestra un total de exportaciones, que no supera el 16% de lo que producimos, mientras que las importaciones si crecen progresivamente.
Sin embargo lo que mantiene la producción y la economía del país, es su propia demanda interna basada en el consumo, que en un 82% proviene de los hogares con toda su creatividad y tenacidad para sufragar sus gastos cotidianos y en menor porcentaje al gobierno, sin desconocer también el aporte de las empresas en la formación de capital fijo, que permite aumentar la capacidad de producción.
Pero lo grave es que peligra la comida, por todos los factores que anteriormente se han enunciado y no existen políticas de regulación que permitan frenar la especulación, las competencias desleales y las condiciones dominantes en el mercado, donde siempre el pequeño productor sale perdiendo y el consumidor tiene que pagar unos altos precios por productos agropecuarios escasos, que triplican su márgenes de utilidad por intermediación, desde que salen de manos del productor hasta que llegan a su destino final.
La situación se empeora cada día por las funestas consecuencias del cambio climático, la asunción de todos los riesgos por parte de los agricultores, el irracional uso del agua, los incrementos en los costos de producción y las distorsiones del mercado, que ahora veremos golpear sin misericordia la productividad y sostenibilidad del sector agrícola, que se sigue deprimiendo, porque los productores ya no soportan trabajar a pérdida y por más que acopien, iniciativa, creatividad, innovación y tecnología, no podrán solos superar la crisis y se ampliara la brecha entre ricos y pobres, mientras el gobierno sigue prometiendo, sin articular una política integral y estructural de estado, para facilitar el desarrollo rural, como una verdadera alternativa de reactivación económica, con seguridad alimentaria y sentido de pertenencia para todos.
Argumentando que si no somos competitivos, aumentará las importaciones, o dará más entradas a multinacionales, sin pensar que cuando los países proveedores no puedan vendernos sus productos, es posible que haya dinero, pero no comida para comprar.
Es hora de motivar y exigir a los nuevos gobernantes para que apoyen la producción nacional y preferentemente al sector agropecuario como eje primario de la economía, soporte de la vida y fundamento para lograr la paz en Colombia.
¨La pobreza no es natural: Es creada por el hombre y puede superarse y erradicarse mediante acciones de los seres humanos y erradicar la pobreza no es un acto de caridad: es un acto de justicia.¨ - Nelson Mandela.
---
*Dirigente gremial.
+EXCELSIO

Comentarios
Publicar un comentario
Leave a comment. Thanks!
Comentarios de Facebook