Las denuncias conocidas en las últimas horas, en que se acusa a Jorge Armando Otálora de ejercer acoso sexual contra su ex secretaria privada, Astrid Helena Cristancho, no dan lugar a dudas: ¡Otálora debe irse!
Si a este oscuro personaje no le da verguenza enviar fotos de su pene a las mujeres, sí dedería pesarle el repudio público. Es un acosador laboras y es un enfermo sexual. Al menos eso demostrarían las denuncias en su contra.
Aún defendiendo su presunción de inocencia, si este fuera un país serío Otálora debería dejar el cargo y salir a defenderse sin ostentar el poder y dignidad de "Defensor del Pueblo".
En este país manejado por corruptos, en todas las esferas del poder (públicas y privadas) el acoso es cada vez mayor y común. El problema es que las víctimas callan, sometidas por el miedo y con el temor de perder sus empleos.
Sacar a Otálora sería una buena señal de que se avecinan cambios positivos para el país. Lo contrario será la señal fehaciente de que todo seguirá como siempre.
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Vea: El acoso no era solo laboral, también sexual - Por Daniel Coronell
+EXCELSIO

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