El militar en retiro había sido condenado, en dos instancias, por el delito de desaparición forzada de dos personas. Plazas había recibido 30 años de condena por la desaparición del administrador de la cafetería del Palacio de Justicia y una terrrorista del grupo criminal M-19.
En ambos casos Plazas Vega no tuvo nada que ver. Pues mientras él y sus hombres exponían la vida y rescataron vivas a casi más de 50 personas, durante la toma criminal al Palacio, otros militares de los que no nos han hablado, se encargaron de llevarse a los que hoy figuran como desaparecidos.
Plazas fue un chivo expiatorio que cayó en manos de una justicia amañada, que lo usó para darle gusto a la tribuna, de paso violándole sus derechos a la legítima defensa y a la presunción de inocencia.
Y mientras los criminales del M-19 se hacían elegir y gobernaban de manera desastrosa, Plazas permanecía encarcelado. Muestra de lo retorcido que es el sistema judicial colombiano.
Amanecerá y veremos si este caso se convierte en un punto de inflexión, para que no se repita la historia y estemos en pocos años condenando a nuestros militares y siendo gobernados por los narcotraficantes y terroristas.
+EXCELSIO

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