De allí a una dictadura, hay un paso. Quien tome el poder y les de mermelada a los congresistas, cambia la Constitución y se entroniza el tiempo que quiera y como quiera.
Igual pasó en Venezuela. Pero allá no hay la tradición democrática colombiana. Venezuela ha sido siempre una tierra de caudillos. Colombia no. Pero cuando se facilitan los instrumentos, así sea con la esperanza de la paz, se abren unas puertas que después no pueden cerrarse.
En Colombia, sin embargo, país masoquista, volteamos el escaparate por la esperanza de paz. Y, para colmo, nos dejamos meter cada cuatro años los dedos en los ojos por defender la bendita democracia en cada comicio.
Desde cuando Misael Pastrana llegó a la Casa de los presidentes con los votos que mandaron en canoa, en Buenaventura, cada elección, vuelven a llegar a la Registraduría y con esos votos se cuadran o descuadran ambiciones electoreras no conseguidas limpiamente en las urnas. Por estos días, pasa lo mismo. Están llegando.
Y en el Valle, también, desde hace 15 años, cada que se presenta candidato a cualquier cargo y nunca gana, siempre arma trifulca el tal Francined Cano. Tres veces derrotado por la alcaldía de Buga, una por la gobernación, otra para el Congreso y ahí lo tienen ahora, convocando irresponsablemente a la rebelión porque nunca consigue los votos. No sabe perder. Pero todo sea por la bendita democracia.
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*Escritor y líder de opinión.
@eljodario
eljodario@gmail.com
+EXCELSIO

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