La jornada de elecciones no es más que un “saludo a la bandera”, es un día para cumplir y simular que tenemos una democracia; para que este país siga posando como el que tiene la “democracia más antigua de América Latina”.
Los politiqueos han invertido multimillonarios recursos para comprar su puesto y hoy el elector se venderá al mejor postor.
Lo que resulta triste, por llamarlo de algún modo, es que los ciudadanos se sigan prestando a la farsa y sigan creyendo que unos miserables pueden sacarlos de la miseria intelectual y la pobreza económica en que viven.
Los candidatos no son más que figuritas que, una vez llegan al poder, deben pagar las deudas de sus multimillonarias campañas. Cumplirles a sus padrinos, a esas mafias corruptas que les dieron el aval, a los que les pusieron la maquinaria.
Por estas tierras hay personajes muy oscuros procurando hacerse con el poder. Unos posan de distintos, otros se disfrazan con los trapos del pueblo para decir que son iguales. Están los que tienen pasados tenebrosos; pero todos, a la hora de la verdad, son iguales y van tras lo mismo para repartirlo entre los mismos.
Es absurdo que haya quien en verdad crea que un político va a hacer algo de provecho por una comunidad o una persona en particular. Harán, algo harán, pero nunca dejarán que el votante salga de las circunstancias que le llevan a votar y depositar su confianza en un politiquero. El ‘statu quo’ debe preservarse para la próxima campaña.
Salga a votar amigo lector, haga lo que le venga en gana. Pero tenga presente que a la vuelta de cuatro años sus circunstancias habrán cambiado en poco (lo más probable es que sea pera peor) y que seguirá buscando esa quimera de una vida mejor y de prosperidad: la mentira que venden los farsantes de la “democracia”.
+EXCELSIO

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