Entonces, aproveche unas vacaciones de final del año, para desplazarme a san Antonio del Táchira en Venezuela, sitio al que todo Colombiano viajaba para comprar mercancías de contrabando; allí adquirí a bajo precio una maquina Brother de lujo, objeto que ingresando a la lista de mis propiedades que mayor aprecio.
En ella escribí hasta 1995 la mayoría de los libros, editados por las Universidades Juan de Castellanos y la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia.
Esa máquina de escribir, me acompaño por décadas registrando la mayor parte de mis ideas, fue el puente entre el espíritu creativo y los escritos impresos en una hoja de papel que muchas veces necesitaba revisión y ajustes; para corregir se utilizaba un liquido corrector y para tener copia, se agregaba una hoja de papel carbón.
Con estos aparatos creados en el siglo de las luces, se escribieron las mejores obras de grandes poetas, periodistas, cuentistas y científicos del Siglo XX, escritos que llenaron las páginas de novelas como Cien años de soledad de Gabriel García Márquez.
Después, con los avances tecnológicos empezaron a salir las nuevas máquinas eléctricas, más veloces y con memoria para acumular los contenidos escritos, hasta llegar a los computadores y las tabletas electrónicas, razón por el cual mi maquina paso a ser un objeto de museo, abandonada.
El día que quise desempolvarla para ubicarla en un lugar de la cabaña de campo en Firavitoba, para que sirviera de recuerdo de mis experiencias de escritor, ¡No la encontré! Solo quedó la nostalgia de un instrumento que auxilió el trabajo de un Maestro Universitario.
Sorprendente fue el momento de aquel 17 de julio del 2015, que al pasar frente a la a la Escuela de Bellas Artes de la ciudad de Ocaña, observé un tendal de libros viejos, entre los que se encontraba uno titulado "Toda la vida" de Jairo Aníbal Niño, un cuentista que admiro por su extraordinaria imaginación literaria para divertir a los niños y descubrí una máquina parecida a la que se me había desaparecido; el vendedor de estos objetos para impresionarme, explicó su valor de antigüedad haciendo énfasis, que en ella se habían escrito muchas lecciones de Pedagogía, me agaché a revisarla y en nada se diferenciaba a mi vieja máquina de escribir, resolví adquirirla por el valor de 20 mil pesos; contento con el objeto de colección, me trasladé a la casa de mi familia ubicada en San Agustín y con sumo cuidado empecé a detallarla, todo indicaba que la máquina extraviada, se había trasladado a la calle real de la capital del Valle del Hacaritama, esperando que pasara a rescatarla, para recordarme que uno regresa a la tierra de los sueños, para darle mayor valor a las objetos que un día nos acompañaron y seguir escribiendo historias del pasado.
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*Educador y escritor.
*Educador y escritor.
+EXCELSIO

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