Opinión | Sin compromiso de paz, el proceso es un intento más

Opinión | Sin compromiso de paz, el proceso es un intento más

Darío Álvarez Morantes* | Después de varios intentos fallidos por conseguir la paz por la vía del diálogo, la concertación y la reconciliación, con los grupos al margen de la ley, no se pueden seguir cometiendo los mismos errores, donde el gobierno pierde su autoridad y se torna tan permisivo, que sigue en los supuestos diálogos, otorgando concesiones, como se hizo en el Caguán y en Santafe de Ralito, mientras que las Farc, impone sus condiciones, con objetivos proyectados más hacia sus pretensiones políticas, que a la verdadera construcción de un nuevo país; mostrando su arrogancia al son de los fusiles, matando campesinos inocentes y soldados a mansaba, seguros de que el proceso no se suspende, porque no cae ninguna persona importante o militar de alto rango.

¡Así las cosas no funcionan!, El gobierno es y debe ser el representante de la legalidad, la autoridad la legitimidad y la justicia y los grupos al margen de la ley, deben entender este proceso, como una oportunidad de reinsertarse a la sociedad, previos acuerdos serios y alcanzables, que consoliden una salida viable y pacífica, para beneficio de todos los colombianos, sin dilatar tanto las conversaciones para llegar a los acuerdos, sino concretando los compromisos, las acciones y el firme propósito de acabar la guerra, sin que se pierda la confianza ganada y se vuelva al círculo vicioso, donde solo se cambian sistemáticamente los actores políticos y los voceros de los grupos insurgentes y el proceso se convierte en un intento más.

Para construir una paz verdadera se deben estableces bases sólidas con compromisos, que sinceramente los colombianos no las hemos visto planteadas; sobre: la distribución equitativa de la tierra, la equidad social, con empleo, con educación, con salud, con nutrición y servicios públicos de calidad, sobre el apoyo a la producción nacional, sobre el respeto a los derechos y deberes de los ciudadanos, sobre la justa reparación a las víctimas, sobre la confrontación de ideas y propuestas para resolver los conflictos y generar desarrollo con beneficio común y no con intereses particulares, sobre el fortalecimiento de los principios y valores humanos para fortalecer el tejido social.

Aunque no se puede negar que este proceso tiene algunos avances favorables que lo diferencian de los anteriores, hay que poner las cartas sobre la mesa y establecer nuevas reglas de juego, donde no se engañe al pueblo y los que sigan delinquiendo a nombre de los grupos insurgentes dialogantes, sean excluidos inmediatamente del proceso y sometidos al peso de la Ley.

El presidente se equivoca al manifestar  ¨que si este proceso falla tendrá la tranquilidad mental de decirse a sí mismo y decirle al pueblo colombiano que lo intentó y que falló pero que esto no le habrá costado al país nada y si le cuesta algo será muy pequeño”, y que su gobierno seguirá con la posición de alcanzar una solución al conflicto armado y que ¨hacer la guerra es mucho más fácil que hacer la paz¨.

Qué ironía, después de tanto dolor, tantas vidas humanas de los más humildes, sacrificadas miserablemente y tanto atraso que ha generado el conflicto, ahora se afirma que esto no le habrá costado nada al país y se descubre el agua tibia al encontrar que hacer la guerra es más fácil que hacer la paz ¡lamentable!; estas afirmaciones dejan muchas dudas sobre el futuro de la paz en Colombia.

Fidel Castro dijo famosamente en 1953: “la historia me absolverá”. Pues bien, ha estado 56 años en el poder y el pueblo no lo absolverá, caso similar ocurrirá con los gobernantes de nuestro país, que no cambian su fórmula dictatorial, porque para ellos les ha sido muy beneficiosa, aunque para el pueblo se constituya en el mayor perjuicio fundamentado en el abuso de poder, la politiquería y la corrupción.
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*Dirigente gremial.


+EXCELSIO

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