Del Lector | Reductores de velocidad: resaltos

Del Lector | Reductores de velocidad: resaltos

Ricardo l. González | Se comentó de una señora que tuvo desviación de vértebras cuando el carro en que viajaba brincó un reductor de velocidad que el conductor no conocía, porque era la primera vez que venía por esa carretera, y el reductor no tenía señalización, además era desproporcionadamente grande.

En otro lugar, un bebé que iba en su sillín, salió disparado dentro del carro cuando este brincó en otro reductor. Y casos como esos son muchos. Cada pasajero de carro podría contarnos de sus dolencias ocurridas por causa de esos reductores que graciosamente han dado por llamar “policías acostados”.

Otros, como un conocido mío, no los llaman así, pero le nombran la progenitora al autor de cada reductor que hace que, al saltar, porque casi todos han sido hechos sin norma ni señalización adecuada, duele y maltrata hasta el alma. ¿Quién, y para qué se los inventaron? ¿Qué lograron?

No sé quién, pero sí me lo imagino. Repasando la historia cercana, perece que quien lo inventó fue por causa de alguien que imprudentemente atravesó una vía rápida, sin tomar precauciones como por ejemplo pasar por un puente elevado para peatones, fue arrollado por un vehículo. Y se hizo el primer “policía acostado”, aunque para entonces, los vecinos aprendieron que no se puede atravesar una vía rápida sin prudencia o, mejor, utilizar los puentes que el constructor de las vías rápidas debe construir, en lugares estratégicos.

Y no sé quién aplaudió el invento, y entonces se puso de moda construir esos resaltos, y ahí empezó la competencia, para ver quien lograba ofender más al viajero: Empezaron por no señalizarlos, para que el conductor no pudiera sospechar que le espera fuerte sacudón. Por donde uno va, es una lotería encontrar un resalto debidamente señalizado. Además, ignoraron toda norma técnica, y así aparecieron resaltos donde los carros quedan balanceándose, luego se inventaron los resaltos dobles, triples, y demás, que logran que el vehículo cae del primero, del segundo, y lo que queda del carro sigue al tercero, del cual, alguno se salva.

No se entiende el propósito de esa moda, como no sea el de ofender al conductor, y hacer que este siga su camino después del madrazo, y con un deseo de venganza … Luego vino la otra moda que fue hacer un resalto en cualquier lugar: Frente a los colegios, lo cual podría tener alguna justificación, pero también frente a cualquier negocio, frente a un motel (o desnucadero) frente a mi casa, en las calles destapadas de modo que el que se salva del hueco, no se salva del resalto. Los alcaldes, cuando inician su mandato, cranean en qué lugar del pueblo hacer su resalto para dejar huella de su mandato. Y, efectivamente, su progenitora es recordada en el tiempo.

Lo logrado es discutible. Si la idea es volver el tráfico más torpe, se logró. Incluso, pienso que si esta era la idea, ¿Para qué pavimentar vías? ¿No sería mejor dejar todas las carreteras del país en tierra, para que los carros no puedan circular fácilmente, y esa platica invertirla, por ejemplo en mermelada? Pero, si lo que se busca como política de movilización es hacer vías ágiles y seguras, el invento nos resultó impráctico. Tal vez por eso, países más avanzados no utilizan ese remedio, y más bien lo reemplazan con señalización y autoridad, ésta última escasa y casi nula en Colombia.


+EXCELSIO

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