Darío Alvarez Morantes* | Ahora los agricultores no solo sufrimos y tenemos que resolver los problemas del cambio climático, de las competencias desleales de productos importados, de los altos costos de producción y de la desatención del estado, sino que cuando visitamos la ciudad capital del país, corremos el riesgo de ser víctimas de conductores de clase alta, que pueden asesinar a familias campesinas completas y lo máximo que reciben de la justicia es una medida de aseguramiento, para que pasen la navidad y el año nuevo en familia, celebrando sus ínfulas de poder, sin el más mínimo asomo de arrepentimiento y dolor por los irreparables daños causados a la gente humilde, que de lejos tiene más dignidad que sus victimarios.El caso judicial contra Ernesto Manzanera, rebosa la copa, porque comete el delito con tres agravantes: Presunto estado de embriaguez, exceso de velocidad y como si fuera poco, abandono premeditado e irresponsable del sitio del hecho, sin auxiliar a
las víctimas, evadiendo toda responsabilidad, como si se hubiera tratado de animales, que al igual merecería también el repudio de la sociedad y el peso de la justicia, ¡pero no pasa nada! ¡Solo falta que el juez condene a los agricultores umbitenses a pagar los daños del lujoso carro del piloto, o los sancionen por su torpeza de no hacerse a un lado a tiempo!.
Son muchos los casos en que se evidencia, que en Colombia La justicia es aplicada con rigor para el de ruana y la injusticia también, cuando un campesino se ve involucrado en casos donde la contraparte, es un ciudadano de clase alta.
Vemos tantos errores e impunidades que a diario se presentan en nuestra Justicia, que la mayor consecuencia se evidencia en la inseguridad que se vive en el campo y la ciudad, donde la delincuencia tomó la delantera y no le teme al sistema judicial, porque este les permite moverse como pez en el agua y además resultan amparados por el derecho internacional humanitario.
| Las opiniones expresadas son de responsabilidad exclusiva del autor y no comprometen a Excelsio. |
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De seguir así cada vez nos tendremos que sorprender menos, por los escándalos recurrentes que ocurren en nuestro país, involucrando a los más altos representantes de la rama judicial, algunos con potestad para negociar fallos, traficar influencias y direccionar la justicia para el lado que ofrezca la mayor cuantía de dinero o la compensación con estabilidad en el poder.
La fragilidad de la justicia colombiana, su ineficacia, sus desigualdades sociales para ejercerla, la politiquería, la corrupción y la pérdida progresiva de valores éticos y principios morales para su aplicación, han diezmado el respeto, jerarquía y omnipotencia de la ley, a tal punto que si se tiene dinero y poder, no hay por qué preocuparse al estar implicado en cualquier delito.
La probabilidad de perder en la lucha no debe disuadirnos de apoyar una causa que creemos que es justa. Abraham Lincoln.
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*Dirigente gremial.
+EXCELSIO
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