Es claro que nadie que se ponga frente al volante de un vehículo está exento de sufrir un accidente e incluso causar una muerte. Pero incumplir con el deber de auxiliar a las víctimas, es cobardía.
Ernesto Manzanera es uno de esos cobardes. Otro “niño rico” que se cree que puede hacer lo que le venga en gana y que las vías son su pista de carreras.
Ese empleado de Avianca, al huir de la escena del crimen impidió la acción de la justicia y ahora será imposible determinar si conducía ebrio o bajo los efectos de alucinógenos. Tampoco se le pudo capturar en flagrancia, por lo no irá a prisión. Es indignante, pero así es.
Ya pasó en el caso de otro “niño de mamá”, que asesinó a dos mujeres y dejó lisiado a un taxista. Al final, los leguleyos lograron salvarlo de la prisión y con dinero arreglaron a las familias para evitarle el castigo.
Es una infamia lo que pasa en este país, donde se tuerce el cuello a la Ley y cada quien hace lo que le viene en gana, hasta matar por el solo hecho de querer demostrar que se es el “más veloz”.
Exigimos justicia para la familia Moreno, de Úmbita, a la que en un instante, un cobarde dejó sin cuatro de sus miembros.
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En Boyacá son muchos los casos de víctimas de autos fantasmas, es decir, de cobardes que huyen y en muchos casos dejan a las víctimas muriéndose en la vía, pudiendo haberlos socorrido y salvar sus vidas.
Sin Justicia no habrá Paz.

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