Los profesores de la Escuela aprovecharon la tarde deportiva para llevar a los niños a disfrutar algo poco común en la región.
Nos ubicamos en los estrados altos de la carpa, cada niño con su botellita encantada con sabor a caramelo, la abrazaban y degustaban poco a poco, para que no se acabara.
Me resbalé silenciosamente, la escondí cerca a un roto de la carpa, por donde salí a mi casa a buscar una totuma, regresando a toda velocidad, entré por el mismo sitio y no encontré mi botella, el vigilante que me observaba me cogió del brazo y me dijo “Colado debes pagar la boleta”…
¡Le respondí sollozando! No, no, yo pagué, - me llevó hasta la puerta, afortunadamente me escuchó llorar, un payaso animador de la función y preguntó ¿qué te pasa niño?
Nuevamente repetía - Yo pagué y entré con los compañeros, pero, quería llevarle a mi mamá, un poquito de Pony en esta totuma y me la robaron del sitio donde la escondí.- No sufras niño, al circo se viene a gozar, tomate ésta y cuando termine la función te la lleno.
Busqué a mis amigos del curso, disfruté y reí con los payasos, me gusto el saludo que el perrito Limber hacía al público levantando las manos y brincando en las paticas, la desaparición del conejo que hacía un mago, el malabarista que se suspendía en el aire caminando por la cuerda, el desfile de los elefantes y el susto que me llevé con ese señor que botaba candela por la boca. Finalmente aparece un payaso trompetista que anunció: ¡La función ha terminado¡
Lo cogí de la mano, él me echó la Pony en la totuma y corrí feliz a sorprender a mi mamá y contarle lo sucedido en el circo de mi pueblo.
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*Escritor de Cuentos Cortos.
Danielquintero47@gmail.com
+EXCELSIO
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