En ese entonces el golpe del dragón se sintió fuerte e inesperado, pero no tocó el círculo interno de la familia. En casa se empezó a hablar de una “tendencia” que no una “moda” como la entienden las revistas de ocio, porque nadie quiere tener al dragón en casa.
Esa tendencia está viva en Chiquinquirá: una Villa Religiosa que despedía a sus viejos, de viejos, y veía crecer a sus jóvenes sin preocupaciones caminando por el “tontódromo”, conociéndose, enamorándose.
La Villa empezó a llenarse de más y más casos de cáncer, abuelos con cáncer, jóvenes con cáncer, niños con cáncer. El dragón está golpeando a nuestras familias. Y nadie dice nada.
No es posible que concluyamos que en todas nuestras líneas familiares hubiesen casos anteriores de la enfermedad, ¿en tantas familias?
Algo está envenenando a Chiquinquirá. Y nadie se escapa (ni siquiera los médicos que se hacen los de la vista gorda y creen que sus pacientes están jugando con su tiempo).
Ese dragón no distingue por raza, sexo, profesión, edad, opinión religiosa, política.
Ese dragón, al parecer, sólo está siendo contrarrestado por la fe en la Virgen, porque al parecer, a los que podrían hacer algo en el terreno físico no les importa.
Las EPS hacen muy bien su trabajo: diagnostican mal, demoran los diagnósticos y las órdenes para la atención profesional y dedicada de los casos –antiguos y nuevos-.
| Las opiniones expresadas son de responsabilidad exclusiva del autor y no comprometen a Excelsio. |
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¿En dónde están los investigadores de la Villa?
¿En dónde está el corazón de la gente?
¿A dónde ha ido el sentido común?
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