Ante el secuestro del comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta Titán, brigadier general Rubén Darío Alzate Mora, el presidente Santos tomó la decisión de suspender los diálogos con las Farc, pero apenas a modo de acto teatral.
Es claro que para Santos hay ciudadanos de primera y de segunda clase. Alzate Mora por supuesto es uno de primera y los soldados de Arauca y los indígenas asesinados en Cauca, son de segunda. Y eso es lo que indigna de las posturas del Gobierno.
Pero más allá de las tibiezas de Santos están los crímenes de las Farc. El grupo narco criminal sigue cometiendo crímenes de lesa humanidad a lo largo y ancho del país. Sigue narcotraficando por el corredor venezolano y nada pasa en este país, como si la fuerza pública estuviera maniatada.
El país, más que andar como borregos pidiendo cese al fuego, debe exigir que las Farc entregue a los secuestrados, devuelva a los niños que esclaviza para la guerra y se someta a la Justicia.
Si el Fiscal y el Gobierno siguen prometiéndoles impunidad, ellos seguirán en su zona de confort, delinquiendo y cometiendo todos los crímenes de lesa humanidad, a los que ya están acostumbrados.
Sin justicia no habrá paz.
+EXCELSIO
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