Opinión | La importancia de los agroquímicos en la producción

Opinión | La importancia de los agroquímicos en la producción

Darío Álvarez Morantes* |  En nuestro país desafortunadamente no hemos adoptado una cultura de uso racional de los agro-químicos, para la protección de los cultivos, ni de las drogas veterinarias para la sanidad de las especies pecuarias y se usan unos y otras, sin mayor control, como la alternativa más eficaz para controlar plagas, malezas y enfermedades, sin optar por manejos integrados, que contemplan el control químico como última acción, para casos que se nos salen de las manos y no como primera y única solución.

Además es tanta la presión de las casas comerciales, que los vendedores de mostrador resultan recomendando y si no sirve el producto inicialmente aconsejado, se lo cambian al cliente por otro que se esté vendiendo en mayores cantidades.

No existe responsabilidad para atender las recomendaciones especificadas en las etiquetas y más aún ni se leen, a tal punto que ni siquiera se respetan las épocas de carencia para las aplicaciones cercanas a cosecha, no se calibran los equipos de fumigación, no se aplican siempre las dosis recomendadas, se hacen mezclas, sin soporte técnico y para colmo de males, los mismos productores no se protegen adecuadamente en las actividades de las diferentes aplicaciones, ni se preparan para conocer la toxicidad  ̈que es una propiedad que se define en función de la cantidad de productos químicos que han sido administrados o absorbidos, la vía de exposición (inhalación, ingestión, aplicación tópica, inyección) y su distribución en el tiempo (dosis únicas o repetidas), además del tipo y severidad de la lesión, el tiempo requerido para producirla, la naturaleza del organismo u organismos afectados y otras condiciones relevantes (Duffus, 1997), propiciando graves implicaciones a la salud del hombre, los demás seres vivos y el medio ambiente.
Las opiniones expresadas son de responsabilidad exclusiva del autor
y no comprometen a Excelsio.

En el caso de los fertilizantes las cosas no cambian mucho, porque los suministros de nutrientes a las plantas, no se hacen bajo una estricta recomendación de un ingeniero agrónomo, basado en el análisis e interpretación del indicado análisis de suelo, lo que produce agotamiento progresivo de los terrenos.

De las 1.150 compañías registradas para comercializar estos productos, seis concentran el 92% del
mercado. Los precios en Colombia en puerta de fábrica, superan entre el 30 y 50% el precio
mundial. Alexander Marín Correa (2.014). En la parte de nutrición animal, tampoco se cuenta con la asistencia técnica y extensión rural, que les permita a los productores, adquirir los productos indicados, para aplicarlos oportunamente, de acuerdo a las necesidades del animal, con la asesoría permanente del médico veterinario extensionista rural.

En estas condiciones es difícil llegar a ser sostenibles, eficientes y competitivos, tanto por costos de producción, como por falta de productividad e inocuidad en los alimentos. Sin embargo los productos químicos más que todo en la agricultura y ganadería comercial, son de gran importancia para contrarrestar las pérdidas ocasionadas por efecto del ataque de plagas, sean insectos, patógenos o arvenses que ocasionan reducciones en producción entre el 37 y el 50%.

Según Pan-UK (2.009). A nivel mundial se venden más de 800 ingredientes activos en miles de formulaciones de plaguicidas. Después de la Segunda Guerra Mundial, los plaguicidas sintéticos fueron la novedad científica del momento. Estos agentes químicos tenían como atractivo ofrecer a los agricultores una solución definitiva contra las plagas que afectaban sus cultivos y, por tanto a sus ganancias. Sin embargo, esta fue una promesa y además ha contribuido al surgimiento de problemas ambientales, sociales y económicos (Vázquez, 2004; Gliessman, 2008).

En muchos países en desarrollo, el empleo de plaguicidas sigue representando un grave riesgo, estimados de la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconocen que cada año los efectos a largo plazo de la exposición habitual a ellos provocan a menudo enfermedades crónicas como el cáncer (aún en estudio), trastornos neurológicos y del aparato reproductor; casi todos los casos se presentan en zonas rurales donde ocurre el 99% de las muertes por intoxicación con esas sustancias (Pérez y Montano, 2007).

La Organización Mundial de la Salud (OMS), plantea que cada año ocurren entre uno y cinco millones de casos de intoxicaciones por plaguicidas, sobre todo en los países en desarrollo además de las enfermedades crónicas originadas por la exposición habitual a los plaguicidas (Pérez y Montano, 2006).Una de las regiones del mundo donde más crítica es la situación por el alto consumo de plaguicidas es Centro América, en un estudio realizado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) se encontró que el índice de envenenamiento anual fue de 40 000 víctimas, (Murray et al., 2002; Rosenthal, 2002) y nuestro país no se queda atrás.

Sin embargo la paradoja se da al reconocer, que los agroquímicos como alternativa para el control
de plagas, han dado también grandes beneficios a la humanidad. Por ejemplo, estos productos contribuyeron a la reducción, incluso a la desaparición, de varias enfermedades en regiones enteras al eliminar a los artrópodos vectores, su participación en los paquetes tecnológicos durante la Revolución Verde, fue fundamental para llevar la producción de alimentos a niveles jamás vistos al permitir que las variedades mejoradas expresaran su máximo potencial genético (Barrera, 2007).

Pero vuelve la paradoja, al analizar que el uso indiscriminado de agroquímicos ha roto el equilibrio de las especies de la naturaleza, ha aumentado los costos de producción, ha impactado negativamente la salud de los seres vivos, por exposición, la contaminación del medio ambiente y ha producido condiciones insostenibles de producción agropecuaria en algunas regiones. Pero es tan importante y a veces imprescindible el uso de agroquímicos, que las multinacionales, productoras y comercializadoras explotan la situación de necesidad y su condición dominante, para manejar el mercado a su voluntad, en ocasiones hasta con especulaciones y si se les insinúa la reducción en los precios, condicionan al gobierno.

Es aquí, donde el estado debe mostrar su autoridad en la protección de la agricultura nacional, y si se niegan a abastecer el mercado, estimular la importación con empresas nacionales como COLINAGRO Y VECOL, o hacerlo directamente.

Finalmente, cobra importancia en la producción agropecuaria, la aplicación de los sistemas de manejo integrado de plagas MIP, con el acompañamiento de todos los saberes ancestrales que fortalecen las
BPA, Las BPP y Las BPM, dentro de sistemas agroecológicos para agricultura familiar y uso racional de agroquímicos en agricultura comercial, que ofrezcan dentro de los encadenamientos productivos, alimentos de muy buena calidad, con garantías de uso adecuado de los recursos y factores de producción, protección de la salud, del hombre, las demás especies y la preservación del medio ambiente; reto que tenemos todos los productores y empresarios del sector agropecuario, con el apoyo de una verdadera asistencia técnica, con extensión rural, que modernice el agro, enmarcada dentro de una política integral y estructural de estado, sin paternalismos politiqueros ni corruptos y con preparación de todos los actores, para enfrentar los cambios por la globalización de la economía, no para seguir echándole la culpa a los demás por nuestra situación, sino abocando el problema con decisión, compromiso y voluntad en procura del verdadero desarrollo rural de Colombia.
---
*Dirigente gremial.


+EXCELSIO

Deja tu comentario:

Share:

Comentarios

Comentarios de Facebook