El actual gobierno, negligente y derrochador, descubrió “el agua tibia” en lo que se refiere a la situación del campo.
Dos paros agrarios no les fueron suficientes y tuvieron que contratar a un “sabio” que les dijera lo que ya se sabe: que la inequidad es absoluta y que las condiciones para producir en el campo son casi imposibles.
El estudio presentado por el Departamento Nacional de Planeación (DNP) descubrió que los pobres del campo son más pobres, que los de la ciudad y que les toca sembrar en zonas de ladera, porque los campos más fértiles los usan los ganaderos ricos.
También descubrieron estos genios, lo que hace años se viene reclamando: el deterioro ambiental y la contaminación del agua por la minería.
Los eruditos del DNP se dieron cuenta de lo difícil que resulta para los campesinos acceder a viviendas dignas y de lo poco probable que les resulta el acceso a créditos bancarios para el desarrollo de sus actividades.
La “Misión Para la Transformación del Campo” descubrió poco. Si hubieran escuchado los reclamos de los dirigentes campesinos, nos habríamos ahorrado el dinero que seguro se desperdició en este diagnóstico.
El tal Santos en su momento dijo que el tal paro no existía y ahora tendrá preparadas sus acartonadas mentiras, con las que suele evadir la realidad del país, para prometer que ahora sí le llegó la hora al campo y que ahora sí se le dará un vuelco y el impulso para que crezca.
Y a propósito de impulsos, ¿en su administración pasada no hablaba de una tal locomotora? Debió ser una pieza de museo, porque en el campo no se vio.
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