A tal punto que se olvida, el deber de patriotismo, para cuidar nuestra nación, con compromiso y sentido de pertenencia; en el buen uso de los recursos públicos, los recursos naturales y el medio ambiente y sobretodo el recurso humano, con respeto ética, dignidad, amor y amistad.
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ilegales, donde el comportamiento permisivo y amnésico del pueblo, permite la proliferación
desaforada de la delincuencia, la politiquería y la corrupción, que tienen postrado a nuestro país en el más completo sub desarrollo, caracterizado por la diferentes inequidades sociales, donde no hay democracia ni amistad sincera, solo ¡existen compromisos por intereses, con pactos de cooperación motivada! Y como si fuera poco denunciar se ha convertido en una acción altamente cuestionada y riesgosa.
Basta con analizar el perfil que tienen que mostrar muchos de los empleados oficiales y privados, militantes politiqueros y de movimientos al margen de la ley, para concluir que estamos ante una grave crisis de descomposición social, donde el fin siempre justifica los medios, con el más aleve ataque a los valores humanos y a los principios éticos de la ciudadanía colombiana. Solo miremos los últimos acontecimientos en el congreso, de Colombia, como ejemplo para el pueblo, donde el supuesto gran colombiano, cuestionado por su desempeños de gobierno y múltiples implicaciones con el paramilitarismo, evade todas sus responsabilidades, cuestionando y acusando a todo el mundo, incluyendo a la propia justicia, secundado además, por la bancada propia, que solo espera órdenes del jefe para intervenir o no intervenir, para aplaudir o no aplaudir; a los que se suma parte de la opinión pública, que aún lo consideran como el adalid de la democracia colombiana.
En este orden de ideas es prioritario fortalecer la educación, la cultura, la salud, la justicia, el agro y todas las demás fuentes desarrollo, con justicias social, con dignificación de la persona humana y un férreo compromiso de control a la delincuencia y fortaleciendo el tejido social en todas las comunidades del país.
La verdadera paz se construye con oferta de vida digna para todos los colombianos, sin politiquería, clientelismo ni corrupción, con trabajo estable e ingresos justos, seguridad social, necesidades básicas satisfechas, respeto y amparo de derechos y deberes, redistribución equitativa de la riqueza, fortalecimiento de los principios y valores (Amor y amistad) gobernabilidad, productividad, sostenibilidad y competitividad de la producción nacional.
Evalúe con cuidado a todos los amigos que tienes y podrás concluir, que los verdaderos, no superan en número a los dedos de tu mano.
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*Dirigente gremial.

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