Daniel Quintero Trujillo* | Ariel Josué Martínez ,Había llegado a San Vicente del Caguán, procedente de las tierras de las esmeraldas por desplazamiento y muerte de algunos familiares, como consecuencia de una guerra fratricida ;en ese sitio de la Selva Colombiana ,se estableció con su familia ,siguió con su oficio de carpintería, en un humilde taller, cortando tablas con un serrucho y cepillándolas con la garlopa ,para construir muebles que sirvieran a la estética y descanso del hogar.
De pronto un batallón de mil soldados lo rodearon, como si estuvieran en la crecería del Pez más Gordo .perseguido por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos.
Eran los mismos agentes del orden que conocían su oficio y sabían de su honradez, esta vez con altivez y orden de mando lo desconocieron, pusieron en sus muñecas los grilletes y de inmediato con sirenas de alarma lo condujeron al batallón, le leyeron la retahíla procesal: de ser jefe de una banda de lavado de Dinero y de estar requerido por las autoridades Norteamericanas por tráfico de estupefaciente.
¿Esto será cierto o es una broma?... se preguntaba el carpintero.
El tiempo transcurría en la reclusión, mientras por su mente pasan las lecciones del catecismo, cuando en la escuela aprendió los mandamientos de la Ley de Dios y siempre concluía que No debía temer ,por cuanto era un Buen Cristianismo.
Sus amigos, allegados y el sacerdote del poblado comenzaron una cruzada para demostrar que el Carpintero lo único sucio que tenía ,era el lugar de su trabajo: lleno de retazos de tablas, aserrín y crespos de las tabas cepilladas.
Los abogados de oficio , solicitaban al señor fiscal una investigación más sería para No caer en injusticia, pero el Presidente de la República ya había firmado el decreto de extradición y como Pilatos lavarse las manos y entregarlo. a los Norteamericanos, donde lo esperaban 30 años detrás de las rejas; fue llevado del búnker de la fiscalía en carro blindado y custodiado por motocicletas, allí esperaba el avión que lo trasladara a una corte del sur de la Florida, recibir su sentencia por un crimen que él nunca había cometido, pero al igual que el Nazareno, no necesitaba fuerzas para atacar y defenderse, sólo tenía el poder de su honradez y de las tablas de la ley de Dios, de un momento a otro, el fiscal Norteamericano, comunico que todo era una confusión, Jesús Ariel es declarado inocente y ahora se espera que el agobiaron Americano, remplace sus disculpas por una indemnización, no solo moral de restituirle el buen nombre sino también, económica ,que le permita al sencillo carpintero tener una casa, un Taller de ebanistería con técnicas americanas y calidad de vida para él y su familia, ya que gracias a ser Fiel a la Tablas de la Ley de Dios, Jesús Ariel se libró de una Muerte en vida en tierras del tío Sam.
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*Escritor de Cuentos Cortos.
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