Opinión | ¿Qué nos quedó?

Opinión | ¿Qué nos quedó?

José Ricardo Bautista* | Hoy, cuando la razón ya ha superado la emoción, cuando los sentimientos de frustración han decantado para dar paso al raciocinio, entendemos que la euforia que causó la excelente campaña adelantada por un grupo de jóvenes y talentosos colombianos, madurados por conceptos de humildad y respeto, no solo dejo en lo más alto de la opinión mundial el querido nombre de COLOMBIA, sino que nos compromete a seguir por este sendero al que solo acceden los grandes.

Nuestro país no solo tuvo hinchas colombianos porque las calidades futbolísticas y humanas de un manojo de jóvenes aguerridos se apodero del corazón del mundo entero y propicio un crecimiento insospechado de los seguidores del fútbol Colombiano.

Atrás quedo el mal nombre de nuestra patria, abucheados quedaron de inmediato quienes pretendieron hacer bromas mal intencionadas y usuales con nuestro país y nuestros muchachos asociándolos a la droga y al narcotráfico y atrás quedó la indiferencia con que los grandes del fútbol mundial miraban a nuestra selección.

Muchos habían pronosticado que durante el desarrollo del mundial los nombres de Messi, y Neymar, iban a ser el pan de cada día para la prensa y la crítica especializada, pero jamás vaticinaron que el nombre de un joven de escasos 22 años apodado por sus padres como James Rodríguez fuera a quedar en las estadísticas de la historia Brasil 2014; nombre al que se suman otros también de colombianos, como Cuadrado y Ospina por mencionar algunos.

La Selección logró algo que por muchas décadas no han sido capaces de lograr los  dirigentes nacionales, y los que lideran,  y manipulan las grandes masas del país: LA PAZ momentánea y la Unidad de los Colombianos y aunque el lienzo de victoria fue manchado por algunas escaramuzas de violencia a la hora de celebrar, quedó en evidencia que esta patria esta sedienta de hechos como estos que renueven el orgullo y el amor propio.

Queda demostrado también que “cuando en la huerta casera no hay naranjas, las debemos traer del supermercado” y es que el técnico Pékerman le dio una lección de humildad y sabiduría al mundo entero y a quienes discuten siempre y rechazan a los mal llamados “foráneos”,  porque la labor desempeñada por Don José y sus lágrimas enredadas en un traicionero nudo que opacó su voz, dejo demostrado que su alma es colombiana y el amarillo azul y rojo esta tatuado en su corazón más que en el de muchos nacidos en esta patria.

Es urgente tomar  las pastillas para que no volvamos a perder la memoria y para agradecer eternamente a quienes como la Selección Colombia, Nairo Quintana, Caterine Ibargüen y tantos otros han llenado de gloria nuestro suelo pero que al paso de pocos días ya no forman parte ni del recuerdo.

El país debe empezar a tener fe en su gente, en su raza, en sus talentos, en sus creativos y en el inmenso capital humano que por falta de oportunidades y de políticas públicas definidas, deben salir a conquistar la gloria para luego ser reconocidos en su tierra.

Tenemos con qué y solo nos hace falta creer en lo nuestro, derrotar la incredulidad y aprender a mirar las causas colectivas como grandes conquistas individuales.
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*Cantautor Nacional
Comunicador Social Periodista

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