La inseguridad en el municipio durante mediados de 2013 y lo que va corrido del 2014 creció como la espuma. Asesinatos, atracos, casos de fleteo, violencia excesiva (riñas callejeras), venta de estupefacientes y un sin fin de situaciones caóticas han convertido a la morada del sol en una ciudad más parecida a Caracas, Río de Janeiro o Cali. Probablemente por esta razón en la mente, hasta hace poco pacífica, del sogamoseño se empieza a crear un sentimiento de sed de justicia emanada de lo más profundo de sus entrañas. No hay que ser un genio para saber que el pueblo, como un vaso donde se sirve agua, tiene un límite. Por desgracia. Sogamoso, como es bien sabido, queda en Colombia no en Suiza. Somos un país violento y con dos hijos, perversos, nacidos hace muy poco tiempo. Narcotráfico y paramilitarismo han marcado la vida de los colombianos que al día de hoy tienen 18 u 80 años.
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Frente a los ojos de todos, en la capital de la Provincia de Sugamuxi, están naciendo cientos o por qué no miles de pequeños Álvaro Uribe. La solución, inminente, para una población cansada de la inseguridad es, por desgracia, hacer justicia con sus propias manos. No importa la condición humana de los delincuentes. No importa que ellos sientan. No importa que sea ilegal. No importa nada. "Muerte a esas ratas", "Limpieza social ya" y "No merecen vivir si sólo hacen daño" son los gritos de un pueblo que duerme como los delfines: con un ojo abierto. Salvatore Mancuso, Carlos Castaño, "Don Berna" y "Jorge 40" estarían felices por estos días en mi ciudad.
La negligencia del alcalde, del comandante de policía y del mismo pueblo (con su indiferencia) han servido la ultima gota en un vaso que estaba lleno hace tiempo. La edad y el sexo, en este caso, no importan. Jóvenes de 18 años, madres de familia de 45 y señores de 63 me han dicho "Sí Andrés, no hay de otra" cuando les pregunto por esta alternativa descabellada. Siento pánico cada vez que releo sus respuestas secas y cortantes. Siento miedo, principalmente, porque veo imposible (teniendo en cuenta el contexto) el detener la creación de movimientos parapoliciales, si no es que ya existen. Hace unos días le expresé este extraño y triste sentimiento a mi hermana; su respuesta, tras oír mi tesis, fue "Ay Dios quiera que no".
No puedo creer que un pueblo lleno de humildad, amor por el prójimo, tolerancia y valores como era el mío hace unos años, ahora sea un lugar donde algunos quieren acabar con sangre ajena un problema de todos. Pensar en matar a quien te hace daño, inmediatamente, te convierte en alguien peor que él. Recuerda siempre eso amigo sogamoseño. La solución, en realidad, es exigir que no nos dejen solos. Es mediar para recuperar, de manera legal, la seguridad del municipio. No sigamos, por favor, los pasos de "Don Mario", Vicente o Fidel Castaño. Veamos las lecciones que nos dejaron al país y no apoyemos, bajo ninguna circunstancia, una eventual limpieza social.
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*Escritor, columnista y conferencista.
#DESPIERTACOLOMBIA.
Twitter: @andresolarte

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