Darío Álvarez Morantes* | Después de un mes de estadía en Estados Unidos, California, regreso a mi país para reiniciar actividades relacionadas con el desarrollo rural, campo en el que siempre me he desempeñado y quiero compartir algunas experiencias vividas en el país del Norte esta vez indagando sobre el sector agropecuario.
Viajé el 7 de Junio con el motivo de participar en la primera cumbre de la familia Álvarez en la que por iniciativa de mi Madre nos reunimos todos los 11 hermanos, para desarrollar una serie de eventos familiares y turísticos en las ciudades de los Ángeles, Las Vegas, San francisco, San Diego incluyendo la visita al gran cañón del Colorado, programados estrictamente con la planeación correspondiente, regresé el 7 de Julio con la alegría de disfrutar nuevamente de los paisajes colombianos, con diversos tonos de verdes encantadores.
Pero lo significativo en mi caso es poder establecer un paralelo entre la agricultura gringa y la nuestra, por lo que les comparto los siguientes aspectos: Es abismal la diferencia entre la posición de un empresario del campo norteamericano y la condición de un agricultor colombiano, Mientras el Americano pose altos subsidios, vías primarias secundarias y terciarias en excelente estado y sin peajes, infraestructura de producción y almacenamiento, subsidio hasta en el combustible que es de diferente color solo para el agro, mercadeo y precio garantizado para su productos.
El agricultor colombiano asume todos los riesgos y sufre de las falencias en vías, infraestructura para la producción, almacenamiento, riego y como si fuera poco los subsidios y apoyos del gobierno, por más que se incrementen en el presupuesto nacional para el agro, no llegan a los pequeños productores, por efecto de la politiquería y la corrupción.
Los trabajadores agrícolas legales son de gran importancia en los EE.UU. y más aún los granjeros, se les respeta y se les reconoce la noble tarea de producir constantemente la comida de alta calidad para el pueblo por lo tanto cuentan con todo el apoyo del estado.
Sin embargo los trabajadores migrantes, van de un lugar a otro y son contratados por los dueños de las granjas o por intermediarios entre los agricultores y los trabajadores, en regulares condiciones, los estados con mayor número de trabajadores agrícolas son California, Texas, Washington, Florida, Oregón y Carolina del norte, la mayoría de ellos de origen Mexicano y solo el 25% son trabajadores ciudadanos estadounidenses, el 21 % son residentes permanentes autorizados y el 53% aproximadamente, son indocumentados; lo más relevante es que los trabajadores colombianos y hondureños superan fácilmente a cualquier otro foráneo en las labores de campo.
Sin embargo es evidente la explotación de la pobreza, ya que con la firma de los tratados de libre comercio los EE.UU. impusieron la eliminación de apoyos y subsidios de protección a la agricultura más frágil del mundo en desarrollo, los niveles de dumping de productos estadounidenses subieron a pesar de la protestas de los afectados, contra prácticas de comercio desleales e injustas.
Los subsidios en EE.UU. son pagos directos del gobierno a los agricultores formales, lo que propicia que los precios de productos agrícola bajen para quebrar las agriculturas emergentes del mundo, con la permisibilidad del OMC y el reto es lograr niveles más altos de producción, con la misma cantidad de acres, mayor tecnología, pero con menos agricultores.
Según la USDA, Nacional Agricultura Statist. Lo que nos recuerda la predica norteamericana para los países en vía de desarrollo ¡Haz lo que yo digo, no lo que yo hago! Pero lo admirable es que los americanos, son disciplinados, tienen planificación de la agricultura, cumplen las normas estándar en su cotidianidad, son educados y prevén planes de contingencia para afrontar situaciones de riesgo o calamidad, como la que se está presentando actualmente con los rigores climáticos por olas de frio en invierno y olas de calor excesivo en verano, llegando limites críticos, lo que ha llevado al gobierno a replantear sus políticas sobre la reducción en la emisión de gases de efecto invernadero, que ocasionan el progresivo calentamiento global, situación en la que no se comprometían mucho en los protocolos mundiales.
El estado de California es el que produce la mayor parte de productos agropecuarios (7.1%) en EE UU y ya se empieza a sentir el desabastecimiento de frutas y hortalizas en las marquetas, por efecto del verano, con su consecuente alza en los precios y se teme por las pérdidas de cosechas de papa y trigo en el estado de Idaho.
De continuar la ola de calor en California puede haber restricciones en el uso del agua para este estado el más poblado de EE UU. Y el de mayor producción agrícola, la recesión económica y social se puede sentir por reducción de los cultivos en el valle de sacramento y posibles inconvenientes en la generación de energía hidroeléctrica. Paradójicamente nosotros los colombianos, ubicados en el pulmón del mundo, aún no hemos tomado plena conciencia de la importancia de preservar los recursos naturales, el medio ambiente y nuestra agricultura como soportes de vida y fundamentos para la paz.
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*Dirigente gremial
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