Como era de esperarse millones de colombianos salieron a las calles a festejar y, en muchos lugares de la geografía nacional, hubo graves problemas de inseguridad. En mi ciudad, Sogamoso, parecía que el fin del mundo había llegado. Muchos locales comerciales del centro de la ciudad fueron víctimas del vandalismo y, el caos se hizo amo y señor de la ciudad del sol y del acero durante horas.
Por supuesto la conclusión, apoyada por el facilísimo, de muchos fue que el fútbol es el culpable de los lamentables sucesos en la ciudad boyacense. Para mí, el problema va más allá. En Colombia la intolerancia no es hija del fútbol, ni de la política, ni de la religión. Pareciera que esta, directamente, en el ADN del colombiano. Muchos otros, por su parte, han tratado de satanizar la venta de alcohol. Aunque indudablemente el expendio de bebidas embriagantes funciona como un detonante para la explosión de las riñas, asesinatos y vandalismo definitivamente NO es el culpable principal de la grave situación social que se vive en Sogamoso. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. decían las abuelas en mi país.
El señor alcalde de Sogamoso, Miguel Ángel García Pérez, tomó una decisión 'made in Petro'. Para el partido Colombia-Japón que se disputará el próximo martes, en Cuiaba, se decretó ley seca en la ciudad. Tal cual como lo hizo el ex guerrillero del M-19 en Bogotá el pasado jueves. Pero lo de García, en Sogamoso, fue más allá. No contento con coartar las libertades del pueblo sogamoseño, en cuanto al consumo de licor, decidió implementar un toque de queda a partir de las 8 de la noche.
Aunque para cualquier persona, que crea en la libertad, en el mundo esto sea una locura; en Sogamoso nadie va a poder estar en la calle a partir de las 20:00 del 24 de junio. Lo peor del caso es que miles de sogamoseños celebran la medida, sin lograr entender que su libertad se esta viendo atacada. Uno de los más grandes filósofos del siglo XX, y punto de referencia mío, es el francés Michel Foucault quien desarrolló el concepto de 'Biopolítica'; este es uno de los más grandes ejemplos de cuando el Estado empieza a decidir cuestiones tan personales en la vida de sus ciudadanos. En cualquier momento, según esto, van a empezar a elegir qué ropa podemos usar y qué alimentos debemos comer. La verdad me daría pánico vivir en una sociedad así, al mejor estilo de una dictadura militar.
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En cientos de casas, seguramente, se van a reunir amigos y familiares para ver el partido con aguardiente, ron, cerveza, whisky, etc. En mano. Esos gobernantes que buscan invisibilizar un problema, de esta dimensión, con 'paños de agua tibia', son como un cáncer para el pueblo ¿No habría sido mejor crear un plan, preventivo, por parte de las autoridades? ¿Qué medidas, en ese caso, esperamos que se tomen para las festividades del mes de julio en la ciudad? ¿Va a haber toque de queda, entonces, el 24 de diciembre? ¿Cuál va a ser el plan a seguir si Colombia llega a la final y ganamos el mundial? Ojalá, algún día, las respuestas del político liberal lleguen a mi escritorio; aunque lo dudo, él debe estar haciendo el decreto para la próxima aparición de Nairo Quintana sobre una bicicleta.
En suma, la mediocridad de una salida como estas debería ser repudiada por todos los habitantes de Sogamoso, pero ellos, los sogamoseños, siguen desde la comodidad de la apatía a las decisiones políticas del municipio. No estoy defendiendo el uso excesivo del licor. Solamente, me parecería mejor educar y sensibilizar a las personas para que el consumo sea medido. No quiero vivir en una ciudad donde a los jóvenes se les prohíbe beber, en lugar de enseñarles a decidir si se embriagan o no.
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*Escritor, columnista y conferencista.
Generando consciencia, tendremos nuestra revolución.

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